Tio Tan

Tío Tan

Suelo pensar a veces cuando los días se han ido, cuando las imágenes de Tita y El Pelia llegan como serena paciencia a mi existencia, que entre mi Tío Tan y Tita existía una hermandad que ni Papa Pedrito pudo desprender con su eterno sentido dictatorial sembrado en el siglo XIX, los dos ante el patriarca eran dos sumisos hijos que nada contradecían, estaban sujetos a las reglas del juego de la familia mexicana pre revolucionaria que con látigo de obediencia ciega debían ser hijos con un destino pre determinado, so pena de ser excomulgados por la complicidad de la iglesia, así navegaban sus días de infancia entre el puño y la oración.

Cuando Tita enfrento al gigante, el hermano menor se alimentó de la savia de la rebeldía, del sacrificio por un horizonte mejor, vio en José Norberto no a un bandido que se robó a su hermana, vio un alivio en la fuga a Santa Bárbara, en su interior se congratuló, se enojó consigo mismo porque fue una mujer la que encaro por primera vez al zacatecano omnipotente, cuando llegaron los Urquidi Espinoza los adopto como propios, los apapacho, los trato no como sobrinos, nos acarició como hijos hasta el último día de su existencia.

El Tío Tan significo para todos mis hermanos, tomo sin equivocarme sus pensamientos, el Tío más querido para nosotros, en un mar de bondad, de nobleza, de convivencia añejada que solo Tita, El Pelia y el Tío Tan nos podrían explicar, luego de como en todos los casos familiares, uno se arrepiente de no haber hecho la pregunta antes de…

Sospecho en esa investigación emocional, en esta catarsis teniendo como eje a ellos, que José Norberto tuvo en el Tío Tan al hermano que jamás soñó, juntos vivieron el béisbol, la música, el cine, a Parral, a la tertulia… a la vida y con Tita como ejemplo, construyeron en el trabajo arduo, incansable el futuro de todos sus hijos, sacrificando sus propios sueños.

El Tío Tan, Polo Soltero y El Pelia como terna de ampáyer…

El Tío Tan, Víctor Manuel Seañez, Octavio Gámez y El Pelia de cacería, de pesca…

El Tío Tan con Vichy, con Rosa, con Raúl, con Beto en el Mercado Hidalgo comprando aguacates para hacer unos lonches…

El Tío Tan y aquellos inolvidables Gritos de Independencia en el Edificio Salcido…

El Tío Tan en la Estación de Ferrocarriles dándonos carrilla para cargar los costales de las revistas…

El Tío Tan llorando a Laura Margarita, a Pepe Grande, a Rubén Darío como si le hubieran quitado una parte de su alma…

El Tío Tan conectando un gancho al hígado al Tío Chente en una navidad…

El Tío Tan jugando domino…

El Tío Tan aborreciendo a Javier Solís…

El Tío Tan discutiendo con El Pelia sus diferencias políticas…

Son tantas las anécdotas que se acumulan en este mar de recuerdos, gratos, que mis hermanos al leer estas líneas, de inmediato agregaran más y más, como cascadas de lágrimas porque hoy se ha ido y ya no tendremos su obstinada visión de la vida, su letra artesanal, sus regaños sociales, sus consejos para Pipo El Sordo, su defensa acérrima por la época de oro del béisbol…

Tío Tan… me faltan palabras, me resta vida para agradecer… me saluda a Tita y al Pelia…

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