Pipo El Sordo 15 Diciembre 2018

Pipo El Sordo 15 Diciembre 2018

Ricardo Urquidi

Pipo El Sordo exhalando vaho por lo frio que esta el ambiente a las ocho de la mañana, con una temperatura de 3 grados Celsius, mas el factor de congelación fácilmente el termómetro llega a cero grados, así calándole hasta los huesos el aire que sopla del norte, camina por la Plazuela Morelos, a la distancia ve una nubosidad que cobija un puesto de tacos de barbacoa de cabeza, hay varios parroquianos degustando un riquísimo desayuno, Pipo intuye que alguien puede comprarle un Sol y va en busca de su intención.

Algunos piden de sesos, otros de lengua o terciados, una manta los protege de la intemperie, entre ellos esta Magnasio, su piel tiene surcos de arrugas a granel, en su dentadura ya faltan varias piezas, en su mirada se refleja tristeza, melancolía, en él han pasado los años, en otras épocas fue un excelente lanzador, hoy solo le queda la nostalgia y el reconocimiento de los que lo vieron jugar, llevando a cuestas con su talento a las novenas con las que jugó.

Sus manos trasmiten un mensaje, hay un lenguaje corporal tratando de detener el tiempo, ve su bocado como si fuera el ultimo: “Voy a extrañar estos tacos… téngalo por seguro”, dice Magnasio al momento de morderlo, “Pues adonde va?”, pregunta apresurado Meyenio ante tal afirmación como creyendo que va a cambiar de residencia, ante tal pregunta el otrora ídolo de la afición reacciona y trata de ocultar sus sentimientos, “No, lo que pasa es que el Doctor ya me puso en tratamiento y por un rato me prohibieron la carne”, los que están a su lado, comprenden perfectamente la situación, dejar esos manjares de la cocina callejera de Parral, en verdad es un sacrificio.

Luego de terminar, Magnasio encomienda a Pipo: “Ven, acompáñame aquí cerca a mi negocio para comprarte El Sol”, obediente Pipo lo sigue a un local chico, en donde se venden discos de música, de películas piratas, el honesto modo de vivir de Magnasio, cuando están adentro del establecimiento, apesadumbrado se deja caer en la silla, preocupado Pipo le cuestiona: “Le pasa algo?”, “Siéntate”, le pide a Pipo para confesarse: “Hace algunos años, al platicar con un amigo sobre nuestra vejez mutua, intrigados por la vida que nos espera después de la muerte, si hay cielo, si hay infierno… luego de tocar todos los temas de lo que significa dejar nuestro cuerpo, ya a nuestra edad nos hicimos una promesa… que el primero que se muriera, regresaría para aclararle al otro si hay vida después de la vida…. “, ansioso por el testimonio que está oyendo prosiga, Pipo apresura: “Y Luego?”.

Agarrando aire Magnasio trata de encontrar más palabras: “Pues hace dos años que mi amigo falleció y de vez en cuando yo me acordaba de esa promesa que nos hicimos y con el tiempo me convencí que era una fantasía que pudiera suceder… Pues ayer regreso mi amigo de ultratumba”, Pipo quiere ya el final: “Y luego?”, “ Pues me dijo que allá arriba en el cielo, hay los más hermosos parques de pelota que se pueda imaginar uno, que todo es felicidad, que si hay vida después de la vida”, “Y luego?”, “ Pues me dijo que me alistara”, “Porque?”, “Pues que mañana me toca pitchear”.

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