Gracias Beto…

Gracias Beto…

La Pera del Olmo

Ricardo Urquidi

Allá por el 2005, si no me equivoco llegue al Estadio Parral, ya caída la noche, no recuerdo bien alguien me dijo: “Ahí anda un scout, viene a checar a Beto, esta atrás de home”, ante tales palabras me fui de inmediato al lugar indicado, efectivamente un personaje espigado de lentes, con su pistola de radar, está justo atrás de Beto, analizando su actuación, era el buscador de talentos de los Yankees: Lee Sigman, luego de las presentaciones vino la pregunta obligada: “Es material?”, “Claro que es material… según me informan tiene 17 años, su recta promedio anda por los 88, con una buena instrucción, mejorando su mecánica, ya embarneciendo fácilmente puede llegar arriba de los 90 millas… lo que si necesita es salir de esta liga, porque si sigue lanzando así, tarde o temprano se va lesionar”, “Porque?”, con su español mocho, Lee señala: “Lanza encogido, no suelta el brazo al cien, hay que cambiarle su mecánica… un favor… el jardín derecho cuantos años tiene?”, “17 es de la misma edad que Beto, se llama Héctor Cano… también es material?”, “Tiene todo: poder, defensiva, velocidad, claro que es material”.

Para fortuna de los Mineros, Beto decidió no irse a la pelota profesional, lo que nos permitió disfrutar durante 16 temporadas a un garbanzo de libra, esos peloteros que muy de vez en cuando se dan, su brazo, su recta no distinguía entre zurdos y derechos, su inteligencia a la hora de combinar sus pitcheos, nos hizo admirarlo a sus escasos años, luego de madurar, de perder tres finales, en el 2009 comienza a tejer con letras de oro su historia con los Mineros al ganar su primer estatal, atracción de taquilla innata, jugador que domina todas las facetas del rey de los deportes.

Hoy termina su ciclo con los Mineros, como profecía exacta de Lee Sigman, tarde que temprano llego la lesión en su hombro, el béisbol le había cobrado la factura a ese brazalete ultra requerido, no tan solo por los Mineros, por los Dorados, por la UACH, por todo aquel directivo que deseaba ganar un título y sabía a ciencia cierta que con Beto, sus posibilidades eran más, luego llego la operación, todo mundo se preguntaba cuando volvía a la loma de los disparos, sin embargo ese brazo privilegiado a pesar de la rehabilitación ya no pudo más, Beto ya no fue el mismo en el montículo, por lo que tuvo que jugar la primera base, con una defensiva excelente, siempre inquieto, dentro y fuera del terreno del juego es un líder, hiperactivo, controversial, irreverente, indolente, todavía tuvo gas para darle un campeonato más a la Cuarta Zona en el 2017, año inolvidable que nos recuerda las palabras de Vin Scully al ganar los Dodgers la Serie Mundial de 1988 con aquel HR de Kirk Gibson: “En un año de lo más improbable, está sucediendo lo imposible”.

Ahora parece increíble de creer que a sus escasos 31 años, ya sea un veterano, que bajo la lógica de la vida, ya no vea el pasado de sus glorias, ahora tiene que ver el futuro de su familia y la gasolina que le queda en el tanque de su pasión: el béisbol, aquí no hay nada personal, Parral se puede dar el lujo de prescindir por sus servicios porque sabe que tiene prospectos como fue en su oportunidad Beto y el Zurdo de Cerro Blanco tiene una nueva oportunidad para seguir dando batazos a la hora cero, ahora por azares del destino, va a enfrentar en el 2019, seis veces a  los Mineros.

Desde aquí le deseamos la mejor de las suertes con el hermano menor de los Mineros, los Rojos que quieren a toda costa ese título que se les ha negado en su historia y recurren a un diamante galopado de primera línea para apuntalar más su ya novena reforzada, habrá una afición minera dividida ante tal decisión de canjearlo por dos peloteros que no llenan el riquísimo historial de Beto, pero una vez más me da un gusto infinito que gracias al béisbol, infinidad de integrantes del béisbol de la Cuarta Zona, aseguren su futuro para ellos y su familia, no hay que perder la brújula de que si fue equivocada o no la decisión del Comité, fue Beto quien pidió su cambio.

 

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