LAS FAMILIAS HERRERA Y CANO VUELVEN A PARRAL PARA RENDIR TRIBUTO A LA TIERRA PATERNA

La biografía de las familias Herrera y Cano está indisolublemente ligada a la historia de Parral. Sus raíces indígenas se asientan en la región desde tiempos anteriores a la Conquista, y sus ancestros europeos empezaron a llegar por el Camino Real de Tierra Adentro desde los inicios de la provincia de Santa Bárbara, en la Nueva Vizcaya. Los registros parroquiales de San Joseph del Parral, Santa Bárbara y Valle de San Bartolomé dan cuenta de los bautizos, matrimonios y defunciones de las familias desde tiempos inmemoriales, y la lista de apellidos ancestrales es casi un inventario de nombres parralenses: Almanza, Molinar, Albírez, Salcido, Sapién, Enríquez, Grageda, Medina, Lozano, Leyton, Chávez, Jurado, Villarreal, Urías, Soto y un larguísimo etcétera. El último en llegar, Nicolás de Santiesteban (origen, por cierto, de todos los Santiesteban de Parral), vino de España en los albores del siglo XVIII.

No son muchas las familias que puedan decir que estuvieron en la región de Parral durante todas las etapas -el pasado indígena, la Conquista, el Virreinato, la Independencia, la Reforma, la Intervención francesa, el Porfiriato, la Revolución- del devenir de México hasta el primer cuarto del siglo XX. Hubo ramas del tronco familiar que lograron hacer fortuna como mineros y hacendados, pero las familias Herrera Cano y Cano Herrera llegaron a la segunda mitad del siglo XIX como jornaleros humildes. Fue el auge económico de estas tierras durante el porfiriato el que permitió que alcanzaran cierta prosperidad con la agricultura, la maderería, el comercio y la administración.

En la lucha iniciada en 1910, los hermanos Maclovio y Luis Herrera Cano desempeñaron un papel protagónico, primero dentro de las fuerzas de Guillermo Baca y Pedro T. Gómez, y posteriormente a la cabeza del grupo que llegó a convertirse en la célebre brigada Benito Juárez, integrada por numerosos hombres de la región, como Ernesto García, de Villa Matamoros, último jefe del heroico cuerpo.

Fue el torbellino revolucionario, particularmente a raíz de una confrontación con Francisco Villa, el que causó el éxodo familiar: entre 1915 y 1919 murieron violentamente seis varones de la familia, incluido el padre, José de la Luz Herrera, y las viudas se vieron obligadas a abandonar el terruño en busca de un futuro para sus hijos. El 21 de abril se cumplirá un siglo del hecho que finalmente determinó la partida: la muerte, a manos de Villa, de José de la Luz y sus hijos Zeferino y Melchor. Con ese motivo, los nietos y bisnietos han decidido visitar Parral para conmemorar el suceso y rendir homenaje a la tierra y a los esfuerzos de sus ancestros.

El itinerario de la visita tiene como punto central una caminata por la avenida Independencia, desde la casa que fue de José María Gutiérrez, donde José de la Luz y sus hijos estuvieron presos, hasta el Panteón Municipal, donde murieron, seguida por una pequeña ceremonia en la cripta familiar. En torno a esta actividad, los visitantes recorrerán algunos lugares significativos para la familia: Santa Bárbara, Valle de Allende, Villa Escobedo, San Juanico, la antigua hacienda de Santiago, la ruta del Ferrocarril Parral y Durango, los lugares de los domicilios familiares, y lugares históricos de Parral, muy particularmente el cerro de la Cruz.

RAÚL HERRERA MÁRQUEZ

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