Atrás de la Barda

Atrás de la barda

La Pera del Olmo

Ricardo Urquidi

La gira por Monterrey a presenciar la Serie entre los Serafines de Los Ángeles contra los Astros de Houston nos deja varias conclusiones y un deseo personal frustrado…

Desde que planeamos el viaje a la sultana de norte, con la premisa de que se nos iba a negar la acreditación de prensa por parte de MLB, siempre tuvimos la idea de presenciar los dos partidos atrás de la barda, con un solo fin, con un sueño guajiro; ser el agraciado de obtener mediante la vía del Jonrón la pelota de la carrera producida número 2000 de Albert Pujols en el mejor de los casos y en el peor una de los tantos peloteros de largo alcance que traen los equipos, cabe destacar que la pelota del HR numero 70 de Mark McGwire en la temporada del 98 se vendió a un coleccionista privado en 3. 2 millones de dólares.

Bajo esta perspectiva el sábado Pujols conecta HR en la sexta, su quinto del año, su carrera producida 1999 de por vida y nuestras expectativas crecen sobre todo que en los bleachers del estadio hay muchos lugares vacíos y la movilidad para una posible atrapada esta vigente, cada vez que el dominicano viene a la caja de bateo, la alerta se prende, pero la ilusión se apaga al irse Pujols de 4 – 0 el domingo y dejar para otro estadio su hazaña.

A la distancia con estruendos de pirotecnia nos damos cuenta de que los Tigres le meten dos goles a las Chivas, suficientes para vencerlos 2 a 1.

En un detalle que ya habíamos captado con la serie Cardenales-Rojos pero que ahora se recrudece, observamos fanáticos con camisolas de Cuba, Venezuela, Puerto Rico, Dominicana, no se diga de los Yaquis, Naranjeros, Venados, Tomateros y demás equipos de los equipos profesionales mexicanos, aunado a ello notamos gran numero de paisanos radicados en Houston que vinieron al juego, así como texanos y californianos, en especial un fan de los Serafines ya de la tercera edad, que recuerda perfectamente a Reggie Jackson, a Nolan Ryan, a Rod Carew y en especial a Bobby Grich todos ellos estrellas que portaron el jersey de los Angelitos de Anaheim.

Siempre a lo largo de los viajes a Estados Unidos hemos comprobado que los mejores ambientes beisboleros se viven atrás de la barda, en los llamados bleachers, Monterrey no es la excepción a pesar de que no se llenaron, los peloteros en el ultimo out de la entrada, al final del calentamiento, en cualquier oportunidad regalan pelotas a los aficionados, se acercan a la barda y conviven por segundos con los fans, las ocurrencias de los fanáticos están al orden del día, Brantley, Goodwin, Trout, Springer, Reddick, Calhoun las festejan, voltean y saludan al publico con una sonrisa, las porras llegan hasta Altuve, Correa, Bregman quienes generosos regresan la reverencia con el beneplácito y festejo de todos los que ahí estamos, atrás de la barda están los aficionados mas tramposos que meten al estadio bebidas, están los más creativos, están los herederos del Panamericano Pérez, del Once de Julio, del Chemare Torres.

Ver a escasos metros calentar a Verlander, como dice el comercial: “No tiene precio”, ver sus rectas de 98 millas es algo sin igual, disfrutar a Osuna es algo para recordar, admirar a Trout y esa naturalidad que tiene para jugar, ver con frustración que los HR’s de Gurriel, Brantley, Springer, Bregman(con la casa llena), Lucroy, Fletcher, Correa y Pujols nos pasaron por arriba, por los lados y ninguno atrapamos, son detalles que ahí quedan en el baúl de los recuerdos.

Al final del viaje solo damos gracias por una oportunidad mas de haber disfrutado Grandes Ligas en tierras mexicanas, que después oímos el rumor que para el año que entra pueden venir los Yankees, los Medias Rojas o los Cachorros nos inunda más la alegría y nos recarga las baterías luego de llegar a Parral a las cuatro de la mañana totalmente cansados.

 

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