Pipo El Sordo 21 Julio 2017

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Pipo El Sordo 14 Julio 2017

Ricardo Urquidi

Pipo El Sordo y Valentina están enfrente de la barra de recepción del hotel de Mazatlán, están ansiosos por que les asignen su habitación, no tanto por instalarse o disfrutar de la intimidad, los dos quieren salir corriendo a la playa, sentir en sus pies la frescura y golpeteo de una ola, ver perder en el horizonte la vista, para ser invadidos por una brisa de tranquilidad, serenidad en sus rostros.

Cuando al fin les dan sus tarjetas de acceso a su cuarto salen disparados al ascensor, al abrir la puerta, rápido como niños curiosos le dan una ojeada a lo que será su aposento, Valentina descubriendo su espontaneidad brinca sobre Pipo y le atesta un beso para luego salir disparada al baño al colocarse su traje de baño, Pipo hace lo mismo con un pantalón corto floreado, al llegar a la playa, Pipo tiene miedo, su conciencia le dice que no sabe nadar, que se puede ahogar, que el agua está muy fría y toda esa adrenalina acumulada desde Parral desaparece: “Que te pasa?”, voltea asustada Valentina, “Tengo miedo”, señala Pipo, “Vamos  no va a pasar nada, nomás nos metemos hasta la cintura, yo tampoco sé nadar”, jalándolo de las manos llegan hasta la orilla, como dos chiquillos que se enfrentan a lo desconocido, cada vez que llega una ola corren para que nos los toque.

Luego de varias mojadas leves, van perdiendo el miedo, ven a otros vacacionistas de su misma estatura más al fondo del mar y eso les da confianza para aventurarse un poco más, cuando ya han tomado más confianza llega una ola y los salpica hasta la cabeza, por primera vez llevan sus manos a la cara para quitarse el agua salada que los ha bendecido, al rato después de sortear innumerables olas, se ríen para agarrar más valor y caminar más, la osadía es pagada con un revolcón que los impulsa y caen de bruces, Pipo no encuentra la vertical, sus pies no encuentran el piso, la mano de su esposa no está a su alcance, luego de tragar bocanadas de agua del océano, por fin sus extremidades tocan suelo continental, al quitarse el agua de los ojos, busca a Valentina, que está ya de pie loca de risa al ver la cara de susto de Pipo para de inmediato abrazarse y buscar un lugar más seguro.

“Vamos por una toalla”, solicita Valentina, completamente mojada, como buen marido Pipo no objeta el deseo de Valentina, luego de secarse buscan una palapa para recostarse en un camastro de lona, han sido muchas emociones para tan poco tiempo,  por lo que prefieren descansar un rato y disfrutar el paisaje, Valentina al fin dama, empieza a ver lo que los vendedores le ofrecen, Pipo se concentra en los que disfrutan la playa, ve sus habilidades para nadar, para sortear las olas, para tomar impulso con ellas, “Desean una bebida?”, lo interrumpe en sus pensamientos un mesero, “No gracias”, desconcertado contesta Pipo, la que reacciona es Valentina: “A que tenemos derecho?”, “ Su brazalete es dorado, pueden pasar a nuestros restaurantes, comer a la hora que ustedes quieran y tomar refrescos,  cerveza y bebidas nacionales”, ya con más confianza vuelve a preguntar: “ Que bebida nos recomienda?”, “ Para usted un tequila sunrise y para el caballero un Vampiro”, adoptando un gesto de seguridad Valentina aprueba la sugerencia.

Al cabo de varias bebidas, Valentina vuelve invitar a Pipo a meterse al mar, Pipo que ya siente mareos, descarta la idea, “ Bueno cuando menos vámonos a la alberca”, ordena sutil Valentina, Pipo sin objeciones se levanta como un cordero, el ambiente en la piscina es familiar, niños en el chapoteadero, jóvenes ejecutando los más rústicos clavados, madres con chiquitines con flotadores y arriba de ellos el astro rey, “Vamos allá esta una cantina en medio de la alberca”, Pipo como un autómata, producto de las bebidas ingeridas sigue a su amada.

Los dos continúan bebiendo probando diferentes combinaciones de licor y vino, chapoteando de gusto, divirtiéndose bajo el sol del puerto  hasta el atardecer, al llegar la noche por reglamento se cierra la alberca, el cansancio los invade, las horas de viaje acumuladas, la alegría, la bebida que relaja los invita a ir a su cuarto sin haber probado comida, Valentina quiere rematar el día inolvidable con amor, sin que Pipo lo note, toma prendas de su equipaje, va al baño a cambiarse por lencería, al regresar con toda la intención adopta un caminado digno de una pasarela de modas para descubrir que Pipo está dormido: “Pedro… Pedro” ,nadie contesta, Pipo ya está con Morfeo, no hay poder humano que lo despierte.

Continuará….

 

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