Pipo El Sordo 28 Julio 2017

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Pipo El Sordo 28 Julio 2017

Ricardo Urquidi

Pipo El Sordo bajo una realidad brusca ya aprendió la lección, sentado en uno de los restaurantes del hotel, está enfrente de un plato de menudo, afortunadamente para él, dentro del bufete del desayuno, hay una riquísima pancita que lo va alivianar en los excesos de su primer día conociendo el mar, al lado esta Valentina que simula estar seria, en el fondo está gozando la situación, nunca había visto borracho a Pipo, se pregunta en forma honesta porque a ella no fue presa del estado de ebriedad en la misma proporción que su esposo, si habían ingerido prácticamente lo mismo en el transcurso del día anterior.

Ya más recuperado salen satisfechos, Valentina lo invita a pasear por la playa, Pipo se deja llevar y disfrutan de la brisa, la arena suave, cálida aun no es presa del sol y se puede transitar sin calzado, por momentos Pipo y Valentina se paran, pequeños cangrejos salen de la arena y nuevamente buscan refugio, se entretienen, su inexperiencia en el mar los delata, por segundo día juegan con las olas que mueren a sus pies, la tranquilidad los invaden y deciden sentarse, disfrutar de la inmensidad que tienen enfrente.

Alguien interrumpe su mirada honda: “Gustan subirse al parachute?”, “No, Gracias”, de inmediato contesta Valentina, Pipo anima: “Yo te la picho, anda súbete”, su mujer lo voltea a ver en forma de interrogación, “Yo traigo dinero, anda disfruta, yo no sería capaz”, al fin la convence y la preparan con todas las medidas de seguridad, Pipo sin conocerlas está atento a que se ejecuten todas… por fin arranca la lancha y Valentina se eleva por los aires, Pipo alcanza a oír gritos de histeria por parte de Valentina, se preocupa, luego de varios minutos regresa su amada, los “brothies”, le dicen como aterrizar, luego de hacerlo y ser liberada, agarra de inmediato la mano de Pipo y lo abraza, Pipo preocupado pregunta: “Que pasa?”, “Nada soy feliz, siempre me imagine volando y ahora se me cumplió”.

Luego de la experiencia, vuelven a la habitación a recuperarse un rato, Pipo ignorando las intenciones fracasadas de su esposa la noche anterior, la agarra del hombro para voltearla, un haz luminoso provocado por el astro rey se cuela por las cortinas de la habitación, reposándose en la cara de Valentina, Pipo trata de quitárselo tiernamente del rostro sin lograrlo, ahora intenta cubrirlo con un beso, sin importar si logro su objetivo, del cuerpo de Valentina cae todo su atuendo, quedando descubierta en su mirada, que suplica entrar en su alma, en su vida, sentir que el instante de  un beso, una caricia, el simple roce de dos pieles, es una eternidad traslucida en un breve segundo en que se encuentran las miradas de dos seres que son el uno para el otro.

Las cortinas en complicidad dejan de bailar, dejan de invitar, el viento que arrastran las olas se detiene, el cortejo ya se consumó, ahora solo falta la intimidad, las gaviotas que se posan en el balcón quieren asegurarse que su misión de Cupido ya se logró, no hay prisa, no hay espasmo adelantado solo hay que buscar y encontrar, amar y entregarse, en esa vorágine el tiempo vuela, cobija la unión, la madura, da motivos para que se añeje en el pensamiento, en el compromiso compartido de vivir el resto de sus vidas juntos, inseparables, para luego de expulsar perlas de sudor por toda la piel, despertar del frenesí, dar gracias con una sola mirada al ser que se tiene al lado, tocar su cabello suelto y regresarlo a su lugar de origen para disfrutar otra vez, los labios, los ojos, las mejillas sonrojadas que dicen todo a Pipo y Valentina.

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