Pipo El Sordo 19 Octubre 2017

Pipo El Sordo 21 Octubre 2017

Ricardo Urquidi

Valentina va presurosa a casa de sus Padres, ahí está Pipo El Sordo esperándola, al salir de su trabajo un aire que anuncia ya el próximo frio de invierno la golpea en su rostro, con cuidado dado los abundantes registros de agua sin tapa camina sobre las banquetas de la Mercaderes, en el paso cuidadoso y la precaución esta la prisa por llegar a su casa de soltera.

Cuando llega a la intersección de Jesús García con Mercaderes cuál es su sorpresa que una señora ya de la tercera edad defiende su bolso ante un chamaco de escasos 16 o 17 años, la lucha es entre ellos, la gente impasible solo observa quien tiene más fuerza, Valentina mira a su alrededor y entre la escasa multitud hay dos hombres que no hacen nada, se siente impotente ante el inminente robo que en cuestión de segundos se puede perpetrar.

Voltea a todos lados no hay tránsitos, ni policías en los alrededores, piensa en llamar a emergencias para reportar el incidente pero su razonamiento le dice que no es la solución inmediata, por lo que en un acto de solidaridad con la agredida, Valentina toma como arma su bolsa y empieza a pegarle en la cabeza al delincuente, el joven con tatuajes en el cuello, sin soltar la correa de la bolsa saca una navaja y se la enseña a Valentina en señal de amenaza, al ver el arma punzocortante, no se amedrenta y con más ímpetu vuelve a golpear la nuca del imberbe, quien ve afectada su falsa valentía.

Valentina piensa entre sí: “Porque no nos ayudan?”, pensamiento fugaz que solo es interrumpido por su vehemencia de frustrar el hurto, por fin después de segundos el agresor sin conseguir el objetivo huye, la señora cae de bruces aun con sus propiedades en la mano, de inmediato  las dos en plena comunión sueltan el llanto, la gente a su alrededor sin decir una sola palabra las deja solas, “Está bien, está bien?” es lo único que pregunta Valentina, “Estoy bien Mi ‘ja… Muchas Gracias!”, para luego desvanecerse, ahora si rápidamente agarra su celular y llama a emergencias, después llegan policías en bicicleta y piden respuestas, Valentina se las da hasta que llega la ambulancia.

Los paramédicos brindan los primeros auxilios y recuperan la conciencia de la Señora, Valentina aprovecha: “Ya se siente mejor?”, “Hay Mi ‘ja , lo que pasa es que soy diabética y me ha de haber subido la azúcar”, los elementos de la Cruz Roja oyen las palabras y sacan los reactivos para medir la glucosa, efectivamente la trae a más de 300, por lo que la suben a la camilla y se la llevan rumbo a la clínica más cercana.

Valentina oye las sirenas irse y no deja preocuparse, luego del incidente se acuerda de su prisa y retoma el paso a su casa, al llegar oye voces lejanas en la cocina de Pipo y su Madre, no son risas son carcajadas lo que le llegan a sus oídos, al llegar la ven pálida: “Que te paso?”… Valentina empieza a llorar, sin decir una sola palabra se desmaya, Pipo y su suegra corren a tratar de agarrarla antes de que su humanidad toque suelo, lo logran, quedando en la incertidumbre total, el primero que reacciona es Pipo que agarra el celular y llama a emergencias.

Valentina no reacciona, los dos piensan lo peor, los minutos son eternos, no llega la ambulancia, a los minutos que parecen siglos oyen las sirenas, su preocupación aumenta, la bajar los elementos de la Cruz Roja les señalan el camino a la cocina y cuál es su sorpresa que es la misma persona que hace una hora les había ayudado a atender a una sexagenaria, la verla comprenden la situación y son ellos los que explican la situación, luego de unos minutos Valentina recupera el sentido, ante el llanto de todos los familiares que ya habían acudido al llamado de la emergencia.

 

 

 

 

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