Pipo El Sordo 1 Noviembre 2017

Pipo El Sordo 1 Noviembre 2017

Ricardo Urquidi

Son las siete de la tarde con el nuevo horario, ya llego la noche, obscura a mas no poder por cierto, Pipo El Sordo va subiendo la Pedro T. Gómez, cansado va a los cajeros automáticos a pagar la luz so pena que se la corten, al pasar por el Museo de Sitio de Francisco Villa, en las antiguas instalaciones del Sindicato de Mineros de la Sección 9, escucha ruidos, su oído débil no logra precisar que es, sin miedo se arrima a las ventanas para escuchar con más precisión, ya con más claridad sus oídos y su mente no digieren lo que están oyendo, es un tropel de caballos que avanzan hacia la Mariano Arista, Pipo no digiere lo que está pasando, su instinto lo hace voltear a todos lados pero no hay nadie, más que un alumbrado público que no existe, está en una cueva de lobos.

Después de un cansancio acumulado por el trabajo diario, de ir con calma a cumplir con un pago, Pipo se estremece, piensa en su estado anímico, piensa en su cordura pero los ruidos regresan ahora escucha un toque de carga de caballería, Pipo se echa para atrás, preguntándose una y otra vez que está pasando, los sonidos se dirigen cuesta arriba, Pipo duda en continuar su camino, las luces de la Maclovio Herrera y la Plaza Guillermo Baca lo animan a detenerse, regresar para tomar la Calle Centenario y evitar la experiencia que esta sufriendo, son  su salvación al miedo que está sintiendo en su piel.

Su raciocinio le dice que lo que está escuchando, viviendo no puede ser más fuerte que él, después de unos segundos de indecisión decide continuar su camino, al llegar a la esquina nota que la puerta que da entrada a la construcción inconclusa del Teatro de la Ciudad está abierta, por la apertura nota que hay una especie de neblina que trata de salir del viejo edificio pero al llegar a la calle se detiene, Pipo abre los ojos para comprender qué demonios esconde la niebla, que hay detrás de las viejas puertas que protegen los materiales que no alcanzaron a ser colocados por falta de presupuesto.

Ruido de artillería lo vuelven a sorprender en ese torbellino de sensaciones, voltea, ve luces de autos que bajan por la Centenario, trata de correr para en la luz tener resguardo y hacer un lado todo el espacio sensorial  y visual que lo atrapa, lo detiene, se siente como si acabara de despertar de una pesadilla y es incapaz de levantarse de la cama, está atrapado en su propio pánico, quiere liberarse, cree que la mejor manera de hacerlo es enfrentar la situación, así lo hace, con su mano temblorosa abre la puerta para entrar, cada vez que da un paso, la niebla se abre a su paso en una invitación al más allá.

Pipo valiente sin remedio, sigue caminado hasta que en sus ojos se abre una panorámica como si fuera pantalla de cine, es una batalla revolucionaria, conforme se intercambian los disparos entre los dos bandos, hay más luz en todo el inmueble, el escenario de construcción desaparece para dar paso a un episodio de la Revolución Mexicana, clara y nítida, el miedo en Pipo desaparece, sabe muy bien que es un espectador y no corre peligro, más que la sensación que está en una dimensión desconocida y no sabe si va a regresar a la realidad.

De repente su cabeza se echa para atrás en forma abrupta, Pancho Villa le espeta: “ Que le pasa, agarre un máuser y sígame”, Pipo vuelve a sentir miedo al ver que por los aires surca una carabina hacia su pecho, la agarra y se queda viéndola estupefacto, no sabe qué hacer , “ Con una… sígame que no entiende?”, el Centauro del Norte está enojado porque Pipo no le hace caso, Pancho Villa lo ve a los ojos,  con esa mirada inquisitiva, digna de un líder, de un bandolero, de un General que no entiende debilidades solo valentía, Pipo lo ve, avienta el fusil, sale corriendo despavorido hacia la Mariano Arista y Centenario, la niebla se cierra impidiéndole el paso, pero su fuerza es superior y logra llegar a la calle, sus pulmones  agarran aire, la niebla saca su brazos de las puertas y no logra jalar a Pipo quien se siente protegido y aliviado.

 

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