Pipo El Sordo 10 de Mayo

A geriatrician holds the hand of an elderly woman with arthritis.

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Pipo El Sordo 10 Mayo 2017

Ricardo Urquidi

Pipo El Sordo sin poner mucha atención a Valentina, va contento a casa de su suegra, es el 10 de Mayo, le espera un banquete de convivencia, de buenas vibras, su Padre Don Lupe los acompaña, después de la boda Pipo es ya uno más de la familia, todos lo aceptan, los mayores lo retan por sus habilidades en el domino y sobre todo va a comer el riquísimo menudo de la familia, Pipo habituado a comerlo solo por las mañanas, nunca imagino que el menudo en las noches era un magnifico manjar, a pesar de que es ya atardecer sobre las calles de Parral, Pipo se imagina en los bombones de algodón que cuelgan del cielo, un arcoíris: es su Mama: Doña Rosario, que allá en el firmamento le ofrece el manto de colores que todavía lo protege por el resto de su vida.

En la mañana los tres: Pipo, Valentina y Don Lupe fueron al Panteón a llevar flores a la tumba de su Madre, ahora gracias a la hospitalidad de su familia política van a disfrutar de una riquísima cena: ”Pedro, Mi’ijo  pásale… ahí te están esperando la bola de viejos, quieren que les des la revancha en el domino”, advierte la Madre de Valentina, “Muchas Felicidades Señora”, con un ademan agradece e invita a su hija y su suegro a pasar, Pipo se escabulle va a la cocina, su olfato lo lleva a revisar con satisfacción  las ollas de menudo, quiere constatar la calidad de su antojo.

Alguien aviso que Pipo ya llego y van por él a la cocina, es sorprendido untando frijoles machucados en un pan blanco, Pipo se siente avergonzado a pesar de que le han dado la confianza: “Que está haciendo sobrino?… ahorita come, vengase a jugar … lo voy a escoger como pareja y vamos michas, vamos a darle en la torre a mi hermano y al payaso ese del vecino”, puntualiza  Isquirion, Tío de Valentina para empezar a jugar domino.

Pipo no muy convencido, porque ese tiempo lo quiere dedicar a su Papa, a que este a gusto, que no si sienta aislado o aburrido, sigue a Isquirion, no sin antes invitar a Don Lupe a que se integre con ellos en el patio donde está la mesa de los mayores que se dividen de las mujeres, al paso de dos horas, Pipo e Isquirion han ganado a todos los que se les han puesto enfrente, todo mundo quiere la revancha, Pipo ya no quiere continuar a pesar de que ya ha ganado 200 pesos, quiere ir con Valentina y sobre todo comer menudo, Isquirion le recrimina su actitud, Pipo que para todos puede parecer tímido y manipulable, de tajo agradece y junto con Don Lupe, quien también lo invita a seguir jugando, dice” No” y se van con Valentina.

Todo el grupo de hombres resignados hacen lo mismo, al llegar la matriarca de la familia: la abuela paterna de Valentina: Miqueas, ya con más de 70 años arrastrando en sus zapatos de tela, pone orden: “Las mujeres ya dejen de sacarle los trapitos al sol  a todo mundo y los hombres ya vengan atender a sus mujeres, a ver tu Geroncio saca la guitarra porque quiero cantar…”, las palabras de Miqueas no son deseos, son ordenes, todos los ahí presentes lo saben, luego de poner a tono la guitarra, no tiene que preguntar que canción va a cantar: “Te llegué a querer mucho insospechadamente, ni yo mismo me explico, tal modo de adorar. Y queriéndome tanto, te me vas de repente. Te me vas sin que pueda tus besos alcanzar. ¡Cuánta desesperanza…!

¡Que vació tan profundo!, Repicar de campanas en mi tarde mortal. Y todo el desconsuelo regado por el mundo, parece que en mi alma se ha venido a congelar”, al terminar se oye un susurro que solo Miqueas oye en su mente: “Como te extraño viejo… tú me hiciste Mujer, tú me hiciste Madre y ahora aquí me tienes, extrañando tu querer”, Valentina que sabe perfectamente a quien está dedicada la canción de su abuela: Epimaco, el esposo ya fallecido de Miqueas,  se acerca y metiendo sus dedos en el blanco cabello, la consuela: ”De ti aprendí a querer Abue…”, “Yo lo se Hija, Yo sé que tú eres Mujer de un solo Hombre y también sé que Pedro es igual, solo pídele a Dios, irte primero que el… porque perder hijos, perder a tu viejo es la más difícil prueba que Dios te da”.

 

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