Pipo El Sordo 4 Febrero 2017

madrugada

Pipo El Sordo 4 Febrero 2017

Ricardo Urquidi

En la quietud de la noche, en la soledad de obscuridad, en la cama Pipo El Sordo como un autómata, con un reloj biológico preciso, abre los ojos, no necesita despertador son cuarto para la seis, su incipiente costumbre de dormir acompañado luego de más de un mes de matrimonio, lo hace ser sigiloso, pretendiendo no despertar a Valentina, su misión es prender el calentón de leña, al levantarse su percepción le indica que su esposa esta débilmente cobijada por lo que busca una cobija para resguardarla mejor.

Al salir el frio lo golpea en la cara, la temperatura ha sido gélida los últimos días, no le extraña, ya está acostumbrado, a tientas busca leños en el pequeño patio de su casa humilde, para luego dirigirse y depositarlo en la bóveda del calentón, al tercer intento logra su objetivo, para de inmediato regresar al techo de su casa, para su sorpresa hay luz en la cocina, es Valentina que ya está prendiendo la estufa para hacer café, al verlo Valentina con gusto ofrece la mejilla: “Buenos Días”, ofrece con gesto tierno, “Dormiste bien?”, pregunta Pipo para continuar la plática matinal, “Te sigues moviendo mucho, te siento luego luego”, señala la mujer de la casa.

“Hasta ahora me doy cuenta porque a mi Mama, no le gustaba que durmiera con ella… no la dejaba dormir de tanto que me movía”, puntualiza Pipo ante el reclamo de su amada, para que Valentina también se confiese: “Yo también todavía no me acostumbro a dormir acompañada, por no moverme nomas me estoy despertando… lo bueno es que no roncas”, los dos se ríen para luego ser rescatados por el sonido que anuncia que el agua ya está hirviendo.

En la mesa sorbiendo poco a poco el líquido, Pipo espera con paciencia que el agua se caliente para que Valentina se bañe, en estos primeros días de vivir juntos, ya le quedo claro que la mujer necesita de tiempo extra para arreglarse, por lo que la ama de casa siempre es la primera en darse una ducha y luego Pipo que en un dos por tres está listo para salir rumbo a su trabajo.

Don Lupe a pesar de sus años tiene un oído todavía capaz de detectar murmullos, voces lejanas y arriba a hacerles compañía: “Señor quiere un café, está haciendo mucho frio”, “No te moleste hija, yo me lo hago”; “No se preocupe, siéntese por favor que yo se lo sirvo”, la escena que tiene enfrente a Pipo le fascina, la disfruta en cada segundo en cada gesto de ambos seres, su Padre y Valentina en este primer mes, actúan como si ya tuvieran bastantes años de vivir, de convivir, antes de firmar el acta de matrimonio era una de sus principales dudas, como iban a congeniar su Padre y su Esposa y ahora la respuesta está enfrente.

Cuando los dos salen de la cocina, Don Lupe que además de haber sido un excelente albañil, ahora para sentirse útil, por propia iniciativa les prepara el desayuno, saca del refrigerador unos chilaquiles que quedaron de la cena y con paciencia los vuelve a calentar, de una olla rescata unos frijoles, un queso es rayado, ya tiene listo todo, solo faltan los comensales que se preparan para un nuevo día, Pipo es el primero que detecta el sazón de su Padre e invita a Valentina a comer, los tres con humildad, omitiendo cualquier sonido bendicen la mesa, no se necesitan palabras para destacar que ahí hay una familia.

A pesar de la diferencia de horarios de trabajo, Valentina sale junto con Pipo al centro, afortunadamente logro inscribirse en una escuela de computación muy temprano por lo que antes de ir a trabajar, toma clases, Pipo sale raudo a El Sol y desde muy temprano enfrentan la nueva etapa de su vida, juntos van en el urbano, son dos seres felices, no hay espacio más que para vivir, aprender la rutina de amar a diario aunque en ello se vayan los años, los cambios en el espejo, solo hay un objetivo crecer y prepararse

 

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo no será publicada.


*