Rubén Amaro, estrella de los Filis de las Grandes Ligas, muere a los 81 años

AMARO

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El short stop mexicano Rubén Amaro, quien brilló en las Grandes Ligas con los Filis de Filadelfia en la década de los 60, falleció este viernes en Miami a los 81 años de edad.

La directiva del equipo ligamayorista dio a conocer la información del deceso de uno de sus jugadores más queridos tras una larga enfermedad.

 El hijo homónimo de Amaro, fue asistente del gerente general y gerente general de los Filis de 1999 a 2015.

Rubén Amaro nació en el Puerto de Veracruz el 6 de enero de 1936. Fue hijo del cubano Santos Amaro, quien jugó como outfielder en Cuba y también en la Liga Mexicana de Beisbol, y de la mexicana Josefina Mora.

Durante casi 60 años, estuvo involucrado en el beisbol. El 29 de junio de 1958 debutó en Grandes Ligas con los Cardenales de San Luis, cuatro años después de haber sido firmado. Entre 1960 y 1965 jugó con los Filis, de 1966 al 68 con los Yanquis de Nueva York y finalmente, en 1969 pasó a los Angelinos de California.

Con Filadelfia ganó el Guante de Oro en 1964. En su regreso a la organización, fue nombrado coach de primera base y ganó el primer título de Serie Mundial de los Filis en 1980, como parte del cuerpo de entrenadores que encabezaba Dallas Green.

En 1999 se convirtió en scout, trabajó con equipos de ligas menores y fue asesor de desarrollo de peloteros. Fue también manager en la Liga de la Costa del Golfo. En 2008 fue nombrado gerente general del equipo.

“Tengo una P en medio de mi pecho”, le dijo Amaro al periodista Phil Sheridan en 2009. “Toqué a Richie Ashburn, jugué detrás de Robin Roberts y Jim Bunning. Conocí a Steve Carlton y a Mike Schmidt. Estuve en los inicios de Ryan Howard y Jimmy Rollins. Me gustaría mucho ser enterrado con el uniforme de los Filis”, agregó.

El presidente de los Filis, David Montgomery, declaró: “Como joven aficionado a principios de los 60, tuve el privilegio de ver la asombrosa gracia de Rubén Amaro Sr. cuando jugaba el short stop de los Filis.

“Diez años más tarde, Rubén era mi colega. Era un placer estar cerca porque trataba a la gente con la misma gracia especial que exhibía lanzando una pelota. Rubén trabajaba como scout y periódicamente venía a Filadelfia. Nos sentíamos muy emocionados cuando llegaba a la ciudad, ya que su calidez iluminaba todas las habitaciones en las que entraba”.

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