Pipo El Sordo 26

Pipo El Sordo 26

Ricardo Urquidi

Pipo El Sordo va por la Mercaderes por un momento se detiene a observar las obras de lo que será el Teatro de la Ciudad en lo que fuera la antigua Villa de Grado, al llegar a la Plaza Guillermo Baca ve un pequeño grupo de personas alrededor de un orador, en primera instancia Pipo cree que es un seguidor de una religión que aprovecha el espacio público para llevar la palabra de su iglesia y por curioso se acerca a descubrir realmente que es lo que pasa.

Pipo está equivocado es un señor que dirige un discurso a los presentes, sin ninguna temática religiosa, su aspecto es pulcro, tiene alrededor de cincuenta años y con énfasis se dirige a su auditorio: “Parral atraviesa por una de sus mayores crisis… no podemos dejar crecer esta apatía que nos corroe… debemos regresar a nuestros orígenes, si no la economía global nos va arrasar, es de suma importancia que volvamos a nuestras antiguas tradiciones comerciales, se los pido, se los suplico, en primer lugar debemos regresar a comprar en los tianguis, a los que nos visitan en sus camionetas ofreciéndonos frutas, es a ellos a quienes debemos apoyar, son gente nuestra que está en situación difícil”, Pipo esta extrañadísimo por lo que está oyendo, jamás en su vida había estado en una plaza bajo tales circunstancias en donde una persona invita a comprar a la antigüita.

“Compra en la tienda de la esquina y paga de contado así como le pagas a las cadenas nacionales, re tapiza tus muebles, lleva a reparar tu ropa y calzado a los talleres locales, evita comprar a los monopolios, compra tu ropa en las tiendas locales… en pocas palabras cómprale al comercio local”, Pipo trata de analizar al personaje que tiene enfrente, la primera impresión que le da es que es un vocero del comercio parralense, pero no, se oye sincero.

“La mercadotecnia de jala, te cautiva, te invita a gastar, a comprar en los grandes almacenes, a veces cosas que no necesitas y todo ese dinero se va de Parral, no se reinvierte, es mínimo lo que se queda y poco a poco, la economía de Parral se contrae, se agota el circulante y las inversiones, cuando tú le compras a un empresario local ese dinero se devuelve en restaurantes, en puestos de tacos, en la tienda de la esquina, todos nos ayudamos entre todos”, el predicador económico siente que tiene la atención de la concurrencia, a Pipo le sigue llamando la atención que se utilice una plaza para tales fines económicos, sociales.

“No crean que estoy aquí porque algún empresario local me esté pagando, estoy aquí porque estoy desempleado, soy una víctima de la política económica de nuestro país, que le da facilidades, apoyos a todas las empresas monopólicas, que tienen acaparado toda la actividad comercial, industrial de nuestro país y ve con tristeza como los índices de desempleo crecen y crecen, como las oportunidades de la gente que egresa de las universidades se le acaban para iniciar su propia empresa”.

Con lo que ha oído para Pipo es suficiente y reinicia su camino hacia la Plaza Juárez en donde tiene una entrega, en su andar medita lo que acaba de oír y se acuerda de una vecina que fue a un centro comercial y regreso quejándose porque iba por detergente y salió con más de diez productos, gastándose la colegiatura del gimnasio de su hija, el garrafón de agua, en un abrir y cerrar de ojos se quedó sin su quincena y ahora tiene que pedirle fiado a Don Simón de los abarrotes para esperar que llegue otra vez el pago de su esposo, piensa en Valentina y se acuerda de comentarios en donde el patrón de su novia, le aconseja a sus empleados que cuiden su trabajo, que atiendan bien a sus clientes que son los que verdaderamente con sus compras pagan su salario, así transcurre su caminar.

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