“El Panzón” y “El Pelia”

“El Panzón” y “El Pelia”

La Pera del Olmo

Ricardo Urquidi

Un lunes después de clases, allá en la Calle Ópalo de Fátima, allá por la década de los 50’s, llegaron a casa mis hermanos “Vichy” y Raúl, apurados lo primero que hicieron fue tomar una vaso de agua, gracias al calor que hacía, mi Madre preocupada, les pidió: “Vayan a buscar a su Papa, no vino a dormir y ya tengo pendiente”, mis hermanos rápidamente organizaron la búsqueda, con los antecedentes de una jornada dominical en el Valente Chacón Baca, con la certeza de encontrarlo en una cantina, comenzaron la búsqueda y peinaron en primera instancia todas las barras de la Jesús García.

Al llegar a la Mercaderes, se pusieron de acuerdo y el de la iniciativa fue Raúl: “Carnal… usted váyase por la Guadalupe Victoria, Flores Magón, Veinte, yo me voy por la Mercaderes, Colegio y Coronado… y nos vemos en la Comandancia de Policía…”, Vichy el mayor del desfile se fue y lo primero que hizo fue llegar al legendario Bar Arias, Raúl a su recorrido, al llegar al Bar Dos Equis en la Coronado, enfrente del Iberia de prosapia, exclusivo para clientes selectos, cuál fue su sorpresa que antes de entrar al Bar, oye un estruendo de vidrios , saliendo disparado a la calle, nada menos que Arnulfo “El Panzón” Arras y por el boquete del vidrio venia atrás mi Padre en plena bronca, al ver a Raúl, le advirtió: “Usted cabron váyase a la casa”, valiente se apresuró a sentenciarle: “No yo vengo por usted”, “El Panzón” sorprendido no sabía si atacar al “Pelia” o esperar a que la plática familiar terminará.

En eso llego la policía y esposa a los dos rijosos para llevárselos a la Comandancia de Policía, en la antigua Presidencia Municipal, en donde está ahora el teatro del Centro de Documentación, al llegar a la casa, Vichy y Raúl, informan a Tita de la mala noticia, mi madre toda preocupada, les da una nueva encomienda: “Vayan por su tío Marcos, para que lo saque”, mi Tío Marcos Barraza, Gerente de la antigua Gasolinera Valles, ubicada en la Guadalupe Victoria y Guillermo Ramírez, enfrente de Automotriz Parralense, al saber la nuevas, no le extraña,  solidario se dirige a la Comandancia, al llegar paga la multa y se compromete a pagar el vidrio en cuestión, al asomarse por las rejas, ve un cuadro que le da coraje: “El Panzón” y “El Pelia”, están atacados de la risa en la celda, comentando el incidente, mi Tío Marcos, serio, enojado le pide a mi Padre, irse a la casa, antes de salir pide por “El Panzón”: “Marcos paga la multa de Arnulfo, como se va a quedar aquí solo”, “José, pero te acabas de pelear con él?”, “Que tiene, todos los domingos en el Estadio, nos enojamos, nos peleamos, ahora el chistecito, nos salió más caro, anda sácalo también”, con desdén mi Tío Marcos, saca los últimos billetes que le quedan en el bolsillo y paga, ya libres los dos, mi Padre invita: “Adonde le seguimos?”, ya encabronado mi Tío Marcos, les dice: “Par de irresponsables, váyanse a la casa a dormir, tu José, tienes toda preocupada a Tita, ya váyanse a dormir por favor”, así termino una discusión que comenzó en el Valente Chacón Baca y termino en la Comandancia de Policía, entre dos grandes amigos que ahorita, siguen discutiendo allá arriba si fue strike, si fue out. (Extracto de la Novela: Diario de una Historia, de Ricardo Urquidi aun sin terminar)

A veces, en esos momentos en que se recapitula la vida, en lo que te ha dado y ha quitado, al vivir con las cadenas que dan los engarces de las letras impresas, trato de capturar la vida de José Norberto “El Pelia” Urquidi Martínez.

Como menor del desfile, la única vez que lo vi atrás de home como ampáyer, fue en un homenaje que precisamente mi Padre organizo a Arnulfo “El Panzón” Arras en el Valente Chacón Baca en la década de los 70’s, con su peto inflable, con todos sus amigos en el cuadro, simulando jugar, recordando el tiempo en un espacio de amistad, orgulloso de su Herencia Minera, pidió una foto con dos de sus nietos: Héctor Francisco Urquidi Tamiatti y Francisco Molina Urquidi.

Después de su retiro en la Liga Regional, Estatales, en la década de los 60’s, solo se concretó a ampayar en la Liga Interobrera en el Campo Marcos D. Fowler, pero atrás del montículo, ahí los menores del desfile: Carlos, Rubén Darío que ya se nos adelantó, y la Pera del Olmo, éramos un solo equipo, Carlos anotaba, Rubén era el corre bolas y a mí, me mandaban a la pizarra a colocar las bolas, los strikes, los outs y las carreras.

Ahora que el Estadio Parral fue reinaugurado, me inunda la nostalgia…

Me pregunto, como viviría estas épocas beisboleras que nos ocupan?…

Habría soñado un escenario de tal magnitud para los Mineros?…

Que me diría su ojo analítico, al ver un partido de los Mineros?… lo último que me dijo, beisbolisticamente hablando, luego de ir a Los Ángeles a ver a Fernando Valenzuela fue: “ Valenzuela es el pitcher más natural que yo he visto en mi vida, presenta igual con recta, con curva, con slider o el screwball, los bateadores no saben qué les va a lanzar y tiene unos huevos del tamaño del Chávez Ravine, yo creo que por eso los gringos le llaman “El Toro””.

El hubiera no existe, pero de lo que si estoy seguro, es que tendría muchas preguntas que hacerle.

Saludos Viejo, te extrañamos…

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