Veterano de mil batallas, sexta de seis partes

Veterano de mil batallas

Ricardo Urquidi Espinoza

A Raúl mi hermano…

Que para bien o para mal

Me pidió silencio.

Sexta de Seis Partes

Para Enrique tener como empleado a Pedro, además de su original intención, resulto una grata sorpresa, gracias a la fama que tenia Pedro, pensó en tener un trabajador conflictivo, faltista, indisciplinado, resulto ser un excelente trabajador, sus compañeros de generación: veteranos de mil batallas, igual que el, lo empezaron a frecuentar en el taller, a platicar su viejas glorias: “ Pedro…”, le recuerda con añoranza: “El Moco” un viejo pelotero contemporáneo de nuestro personaje principal; “Te acuerdas del triple play ante los Indios”, meneando la cabeza en señal de orgullo, con un timbre de voz que denota autoridad, Pedro recuerda como si fuera ayer: “ Como no me voy acordar, nos tenían hasta la madre, “El Conejo” ya no tenia pitchers, estábamos ganando por un carrera, la casa llena, sin outs, el payaso del “Melelo”… sabes lo que me dijo?: “Ya se los llevo la chingada”, yo me encabrone y le dije; “ Y a tu Mama también” y en eso que sale la rola, muy a huevo le metí el guante, piso la tercera… dude si tiraba a jom a sacar a “Melelo”, pero el roletazo a todos nos sorprendió y dije: “chingue su madre” y que tiro a segunda… se quedaron mudos los cabrones, cuando cantaron el out en primera, busque la mirada del “Melelo”, pero no, iba que echaba madres a la caseta”, los ahí presentes: veteranos de mil batallas, los mecánicos, Enrique, en cada palabra, en cada segundo de la platica de Pedro, trataban de capturar un pedazo de la eternidad, en vez de enojarse Enrique porque le quitaban el tiempo, de pronto su taller se convirtió en un museo viviente con tantas glorias del béisbol de Parral, a diario Enrique saludaba a todos sus héroes que llenaron sus tardes en el Valente Chacon Baca, su infancia como el ave fénix resurgía de las cenizas de sus memorias.

Los cambios empezaron a notarse en Pedro, su caminar encorvado, empezó a erguirse, lo invitaron a participar en el béisbol de veteranos, gustoso acepto y se integro nuevamente al béisbol, a la sociedad.

Todos los sábados en la tarde, luego de cerrar el taller, Pedro solemnemente al recibir su sueldo, con un ligero apretón en la mano de Enrique expresaba su agradecimiento, al llegar al Valente Chacon Baca y ponerse el uniforme de su equipo, volvía a vivir, al volver a batear y crujir sus muñecas al hacer contacto con la pelota, recordaba su infancia, sus glorias en el diamante galopado, el ego lo volvía a inundar hasta la medula.

En el dogout, sus compañeros de batalla, algunos están azucarados, otros ya no toman porque saben que con una sola cerveza, se ponen muy necios, en el juego proliferan los robos de base porque ya nadie tiene brazo para tirar a segunda, no cometer errores ya no es un reto, es un pasatiempo cometerlos, si por un error del rival puedes tomar dos bases, ese es la verdadera meta, llegar con aire, saber que el esqueleto no se va a desarmar.

Para ellos la recta no existe, ahora suplican que les tiren mentiras y tener la fortuna de creer en una de ellas, la velocidad es como una sinfonía sin fuga, es un grito ahogado abajo del agua, al final del partido, el resultado es lo que menos importa, lo importante es contradecir a Borges, que un día afirmo que no le gustaba la vejez, porque la mayoría de sus amigos ya habían fallecido.

Lo único que le importa es ver a sus nietos correr tras de una pelota, verlos extender su mano solicitándole al abuelo se integre a sus juegos infantiles, es sentir la mirada de satisfacción de su hija, es levantarse cada mañana, respirar largo y profundo para luego irse al trabajo, es la espera del sábado para que llegue el partido y agradecerle a Enrique, estar rodeado de su pasado y presente, al final de su historia lo único que quiere Pedro es que la pelota no le queme la garrocha, sentir el alarido de la fanaticada después del sonido, del matrimonio eterno de la pelota que va a su reunión con el bat, beber una cerveza, recordar, recordar que un día el fue el rey de la colina y que la vida, allá cerca de la casa de Pérez en el Valente Chacon Baca, en la figura de Enrique, rodándote una lagrima de los ojos, te puede dar otra oportunidad.

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