Crónicas de Caza, Segunda de Seis Partes

La Pera del Olmo

Crónicas de Caza

Invierno del 2010

Ricardo Urquidi

Segunda de SeisPartes

Al salir nos acompaña un aire fuerte, según las informaciones periodísticas las rachas de viento alcanzan los 50 kilómetros por hora, en wheater channel anuncian agua nieve para la región sur del estado, como todo viaje, de toda cacería surgen los primeros planes, estrategias, ya con el conocimiento del terreno, del rancho a visitar, se escogen las primeras campeadas, empiezan los chistes, las anécdotas: “Paquin” es la primera victima, cuenta Julio que en una ocasión después de tumbar un venado, de lo grande que estaba se partió en dos, una de las mitades la cargo “Paquin”, en el traslado ya anocheciendo de repente con mucho cuidado “Paquin” avienta su parte de venado, se agacha, se arrastra Julio al verlo extrañado le reclama: “ Pues que esta haciendo “Paquin”?”, “ Pues que no ve el cerco?”, soltando una carcajada Julio le dice: “Lo único que veo son los palos pero no tienen alambre de púas”.

Después de poquito mas de una hora de viaje, llegamos al camino de terraceria, se le habla al vaquero vía celular para avisarle que vamos en camino para que nos abra la puerta principal del rancho que en los sucesivo llamaremos rancho equis, vuelven los temas de platica, ahora toca el turno de los “ huelladores”, se comenta de un Señor “Che” Barraza, excelente para seguir los rastros, de la capacidad de los tarahumaras para seguir por días a los venados, de la experiencia de los vaqueros de rancho, que conocen a la perfección el mapa de los cerros y al divisar un objeto extraño, saben que es un animal.

Llegan las comparaciones entre Estados Unidos y México: un permiso en nuestro país vecino para cazar venado cuesta 600 dólares y por el respeto a la ley, por las políticas ecologistas anteriores, se esta dando ya el caso de que por cada venado cazado se debe cazar una venada, por la inmensa población de hembras que existen del otro lado de la frontera.

Al llegar al portal del rancho equis, nos saluda el vaquero y empiezan las clásicas preguntas de todo cazador: “ Donde andan los venados?”, todas las preguntas tienen el fin de sopesar, calcular, inferir la honestidad, disposición del vaquero para saber si esta diciendo la verdad, existen vaqueros, según la experiencia de Julio, “ Paquin”, Beto, que dan nortes falsos, hay otros que son honestos, hay otros apáticos, pero en todos hay una constante, si hay un puma en el rancho, dan santo y seña de donde puede andar para que lo cacen, el puma depredador nato de crías, ya sean caprinas, equinas, bovinas es uno de los peores enemigos de la cría de ganado, en esta ocasión no es la excepción y el vaquero nos advierte de la existencia de un puma que anda en el rancho, cuenta Beto que una vez le pregunto a un vaquero: “ Como la ve si nos tocara ver los venados?”, el vaquero serio le respondió: “ Yo creo que si… los venados no tienen nada que hacer, ustedes tampoco, yo creo que si se van a topar”.

Antes de montar el campamento, vamos a visualizar donde será la primera campeada del sábado, al bajarnos cerca de un corral de piedras que sirve para juntar el ganado un aire fiero nos golpea la cara, el viento sopla del noreste y se va a convertir en un factor en contra para una buena cacería, ya con el atardecer a cuestas buscamos un lugar para el campamento, que nos proteja del viento, afortunadamente encontramos un pequeño lunar de tierra con un inmenso mezquite, para la fogata hacemos un hoyo de treinta centímetros por un metro de diámetro rodeado de piedras, cualquier “bachicha”, “chispa” que arrastre el viento puede prender el pastizal y provocar un incendio de dimensiones y costos incalculables.

Como primer platillo en la cena comemos pollo con verduras acompañado por un te de naranjo, rematando con unas quesadillas con tortilla de harina, el fuego que a todo ser humano tranquiliza es el mejor núcleo para la platica, con mas de 30, 40 y 50 años de experiencia en la cacería, los tres senectos, yo ya voy para allá pero todavía no tengo mi credencial del INSEN, comentan que el ambiente de los cazadores mas temprano que tarde cobra las facturas a todos aquellos que no son “parejos”, todo aquel cazador que no se sume a las tareas que implica cazar, como el abastecimiento de víveres, bebidas, parque, solidaridad, montaje del campamento, elaboración de comida, poco a poco la cacería lo aísla, lo desecha, aquel individuo es relegado, vivir en el campo aunque sea por dos, tres, cuatro días implica ayudarse todos, implica rescatar al compañero que se cayo y tiene un esguince, así el filtro del compañerismo perdura, habrá grupos pero si ese grupo de cazadores no perdura con el tiempo es por alguien que no fue: “ parejo”.

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