Crónicas de Caza, Sexta de Seis Partes

La Pera del Olmo

Crónicas de Caza

Invierno del 2010

Ricardo Urquidi

Sexta de Seis Partes

Son las 11:00 dentro de la misma zona se planea otra campeada, pero en lo personal no me gusta, pero no soy nadie para mostrar mis observaciones y como fiel soldado en una encomienda hago lo que me indican, a las 11:30 se acaba la mini campeada programada con los mismos resultados anteriores, por lo que Julio se va a la camioneta y Beto se va ir por el otro lado del monte para si Julio en su camino levanta un animal, tener la oportunidad de tirarle, “ Paquin” y Yo nos vamos a un arroyo que esta mas adelante y donde comentan en el pasado han visto ahí venados,  nos vamos ”faldeando” juntos a una distancia de trescientos metros, veo en el trayecto “cagarrutas” excremento fresco de venado y pongo atención al mas mínimo movimiento pero nada,  lo único que nos brinca es una liebre orejera, que salta huyendo de nosotros, los venados van ganando cuatro a cero.

A las 12:00 abajo del arroyo nos reunimos y nos vamos caminando al campamento, en el camino acordamos “ Paquin” y Yo  hacer otra campeada pero al llegar la decisión es terminar la cacería, ya que otra campeada nos llevaría unas dos, tres horas, terminaríamos a las tres, cuatro de la tarde, en lo que comemos, levantamos el campamento nos darían las cinco, seis de la tarde, ya andaríamos en terraceria tarde y con la inseguridad que priva actualmente es riesgoso, por lo que nos disponemos a comer el guisado que prepare, poquito chile colorado que sobro, quesadillas, después de terminar Julio hace dos disparos para saber a ciencia cierta si la caída afecto su mira, solo requiere un pequeño ajuste y se guardan las armas, se levanta el campamento y a las 15:00 ya cargada la camioneta regresamos a nuestro querido Parral.

De lo golpeado que viene Julio pide ayuda para manejar y para pronto me ofrezco,  al pasar por la casa del rancho, tenemos oportunidad de saludar al dueño, le agradecemos y nos pregunta si nos fue bien, le comentamos las incidencias y con un poquito de incredulidad, pone en duda nuestro respeto por las venadas, lo que si cree es nuestra mala puntería al dejar ir vivos dos venados que nos salieron.

Sin contratiempos llegamos a la carretera, vuelve la platica, como la ultima cacería de la temporada todos agradecen la oportunidad que cada año tienen de ir tras de un trofeo, Julio, “ Paquin” y Beto, ya no cazan por saborear la exquisita carne de venado, cazan  por el trofeo, soy testigo que al dejar el campamento no hubo un solo rastro humano que contaminara el hábitat, solo los restos de una fogata son la única prueba que ahí estuvimos.

Las letras que hoy escribo son un homenaje a tres cazadores, que en el otoño de su aventuras, han sabido aceptarse tal y como son, que a pesar de sus limitaciones propias de su edad, del carácter, de los problemas familiares, de salud, aun tienen la energía de subir cañadas, montes, cruzar arroyos, divisar horizontes y capturar montañas nevadas, cada año buscar los que les une, el venado, el ganso, el jabalí, el guajolote, el black bass, la trucha, la mojarra, navegar en la lancha tras de un sueño y cada año ese sueño se renueva como los ciclos de la naturaleza, que ahí está recordándonos que mas vale un día de quietud por mil de trabajo y tensión.

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