Crónicas de coronavirus 27, cuarta y última parte

Crónicas de coronavirus 27

Ricardo Urquidi

Dedicada a Pelucha, (de raza Labrador) que el pasado 5 de Mayo cumplió diez años con nosotros

Cuarta y última parte

En la cena a pesar de los pocos años de casados, Kateri con ese sexto sentido que tienen las mujeres, nota en la mirada de su esposo un rictus de preocupación: “Que pasa?, estas muy serio”, como preámbulo a su inquietud, esperando la pauta para desahogarse, Carsini confiesa: “Fui a la Talleres a buscar al viejito que nos despierta”, lo interrumpen: “Y luego?”, “Pues si me dieron santo y seña de él, lo apodan “Vacho”, vive solo el pobre, una casita de adobe muy vieja… me dio mucha compasión verlo como vive… y después de lo que hice pues me siento culpable”, ahora la pena es de Kateri: “Que podemos hacer?”, “No se?… comprarle una despensa, no se?”.

Por primera vez en muchos días no hay quien los despierte, duermen profundamente, La Pelucha los deja en un abismo profundo y relajante, solo los despierta la luz del alba, luego de realizar sus trabajos magisteriales en línea, arreglar los pendientes, presentar evidencias, checar los correos d sus alumnos, Carsini anuncia: “Voy a comprar una despensa para el viejito, ahí vengo”, “Yo Voy”, La Pelucha no necesita invitación y de inmediato se sube al carro, el número de artículos comestibles en el carro del supermercado es grande, como su conciencia social, luego de pagar salen contentos rumbo a la casa de Servacio, cuando llegan ahí está en la sombra que produce un árbol que resguarda su hogar, Carsini lo identifica de inmediato, La Pelucha empieza a ladrarle.

“Señor se acuerda de mí?”, “No… quién eres?”, Carsini no tiene las palabras para comenzar la explicación de su presencia, Kateri sabedora de la lucha de sentimientos que tiene su esposo, se adelanta: ”Somos los que viven aquí en la privada, donde usted va  a revisar el bote de basura”, Servacio agarra aire y no encuentra su lugar, lo han avergonzado: “Les juro que ya no vuelvo a ir, jamás vuelvo a molestarlos”, La Pelucha sigilosamente se le acerca a Servacio y le mueve la cola en señal de amistad, Carsini agradecido con su conyugue, ahora si explica: “No se preocupe, no venimos a reclamarle… venimos a traerle una despensa”, los ojos del octogenario se iluminan al ver que del auto sacan una caja: “Compramos pura comida ya hecha, porque nos dijeron que no tiene refrigerador… mire también le trajimos un abrelatas, nos imaginamos que no tenía”.

Servacio además de agradecido está sorprendido por la generosidad y trata de explicar lo que es evidente:” ¿Es que ahora con el virus ese, ya no estoy trabajando de cerillo, nos corrieron a todos y pues tuve que empezar a buscar comida, latas para venderla”, “Está bien… no se preocupe… que otra cosa necesita?… díganos con confianza”, el orgullo, ese que nace en la juventud y nos da fortaleza equivocada sale a flote en Servacio: “No así estoy bien, yo le agradezco pero no se hubieran molestado”, Kateri nota un detalle y va al carro: “Mire he notado que no trae cubrebocas, aquí le damos este pero por favor póngaselo”, “Ande ya a mi edad, si me da esa cosa… cual problema si Dios se acuerda de mi”, el ojo y olfato observador de la dama provoca una pregunta: “Tiene jabón?”, el veterano no necesita deducir el origen de la pregunta, ”Si, si tengo… lo que pasa es que aquí nos cortan el agua cada rato”.

Carsini prepara el terreno para despedirse y no herir susceptibilidades: “Bueno ya nos vamos… si se le ofrece algo, cualquier cosa… por favor díganos ya sabe dónde vivimos”, Servacio no tiene palabras más que de agradecimiento: “Gracias y con este detalle es más que suficiente… Muchas Gracias”, La Pelucha se resiste a subir al auto, después de oler a Servacio es evidente que entre los dos hay empatía, al fin se suben al automóvil, los dos respiren hondo y profundo, una paz de fraternidad, de saber que hicieron lo correcto los inunda, dan Gracias a Dios de tener trabajo, de haber tenido y aprovechado las oportunidades que la vida les ha dado, su mente viaja en el tiempo y se preguntan cómo será su vida a la edad de Servacio, si su espacio estará rodeado de nietos, de hijos alrededor de una chimenea o como Servacio estarán en su casa solos o alojados en un asilo, el tramo que recorren a su casa es en silencio, los dos se hacen las mismas preguntas y se adelantan aún más: Y si no sobrevivo al coronavirus?.

FIN

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