La regla de anotación no escrita

La regla de anotación no escrita.

La Pera del Olmo

Ricardo Urquidi

Cada vez que en el beisbol organizado de cualquier nivel, de cualquier país, conocemos la hazaña de que se ha lanzado un juego perfecto o un doble cero, nos enteramos que en el transcurso del partido se realizó una atrapadón, una jugada de carácter, de enjundia en donde un jugador de cuadro consciente de lo que está en juego, hace su máximo esfuerzo para preservar la joya de pitcheo, pero también nos enteramos que existieron errores que a juicio del anotador oficial se anotaron para hacer respetar una de las reglas de anotación no escrita que prevalece en el trabajo de los anotadores oficiales.

Uno de los detalles no escritos que le enseñan a toda aquella persona que quiera adentrase en la anotación, es en la anotación oficial del primer hit que se conecte en el partido.

“El primer hit de juego, debe ser un hit claro, nítido, que no deje lugar a dudas, si existe una duda, por muy pequeña que sea en la jugada, márcala error, porque nunca se sabe, si en ese juego se va a lanzar un sin hit ni carrera o un perfecto y por lo tanto se debe proteger el espectáculo”.

Aquí no entra una falsa o equivoca decisión de un Ampáyer en una apretada jugada en primera como le sucedió al venezolano Galarraga cuando un hombre de azul le arrebato un juego perfecto al marcar safe al out 27 del partido, desde entonces cabe señalar que Andrés Galarraga no fue el mismo y su carrera se vino abajo con los Tigres de Detroit.

No estamos hablando del localismo con el que anotan los encargados del box score para beneficiar en porcentaje de bateo o fildeo a los jugadores, inflando sus numeritos ya sea por favoritismo, por un favor o a veces por incapacidad.

A veces un hit es inobjetable, al igual que un pecado en el cuadro, pero muchas de las ocasiones existe una línea delgada entre el hit y el error, esa fina diferencia puede no ser perjudicial cuando ya se ha conectado un imparable, cuando ya no esta en juego la hazaña mas añorada de cualquier pitcher, la prudencia, el tacto del anotador oficial empieza cuando el juego de los dos lados o uno, tiene en su pizarra los ceros que nadie en honor a una vieja tradición beisbolera quiere pronunciar para no romper el hechizo.

Ahí en ese preciso momento cuando llega un hit dudoso, un error cuestionable, entra la cordura de proteger el juego del lanzador, procurar hasta en donde el juicio de lo que están observando la inmaculez que se despliega en la alfombra del diamante beisbolero sea protegida en bien del espectáculo, inclusive así lo determinan las propias reglas, el anotador oficial después de marcar “error” a ese primer “hit” del partido, puede rectificar su criterio en el transcurso del partido después de haberse conectado un hit indiscutible.

La aplicación del criterio podrá salvar una joya de pitcheo, podrá evitar un sinfín de alegatos posteriores al partido, podrá impedir una apelación por escrito a la liga para que rectifique y en su caso le otorgue a un lanzador por otras vías un juego perfecto o un sin hit ni carrera.

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