Mario Mendoza, el mejor parador en corto mexicano que ha llegado a las Ligas Mayores

Fue en su momento el torpedero de manos más suaves y finas que se había visto en el béisbol de la gran carpa.

Sus primeros engaces fueron en el campo llanero de la Ciudad Deportiva y en las calles del Santo Niño de su querida ciudad de Chihuahua.

Desde que se calzaba el guante se veía una destreza poco usual en jovencitos de su edad. Ya mostraba destreza y agilidad única en el manejo del guante y sobre todo cuando se avanzaba a toda velocidad sobre la pelota, al estilo de su hermano mayor Luis “Guero” Mendoza, un pelotero calificado como el “elegante de las paradas cortas” que era todo un esteta del fildeo en la primera fuerza de los parques de Chihuahua.

Y así siguió hasta que muy jovencito, junto con Pablo Tamez, La Borrega”, Mario Mendoza, el “Coruco” llegò a defender con dientes y garras los colores de la UACH bajo la directriz del siempre recordado Carlitos “Catemo” Duarte y el popular Raúl “Negro” Hurtado, elevando al equipo de la UACH a las alturas, donde actualmente sigue liderando bajo la batuta de su compadre la “Borrega” Tamez.

Pero antes, Mario se estrenó como pelotero de primera fuerza con apenas cumplidos 16 años, bajo la dirección de Evelio González, con los equipos Mauro Álvarez y Casa Acosta en 1966 y 1967, en donde su figura delgada y muy espigado, pero siempre listo para atacar la bola en las paradas cortas, empezaba a causar admiración entre todo mundo.

Poco a poco y con mucho entrenamiento a pleno sol de mediodía, ya con la UACH a partir de 1968 y hasta 1970 fue firmado con Diablos Rojos del México por obra y gracia del scout Ramón “Chita” García, para de ahí saltar a la gran carpa con los Piratas de Pittsburg.

Mario fue clave a la defensiva con el equipo universitario y desde ahí empezó a forjar su enorme historia en la primera fuerza de la ciudad de Chihuahua, al igual que en eventos regionales, estatales y en campeonatos nacionales federados.

El “Coruco”” como lo bautizo su hermano Luis, empezó de desplegar un gran juego defensivo y de velocidad en los senderos que empezó a causar marcada admiración entre propios y extraños, es decir sus compañeros de equipo y sus adversarios, y desde luego de la conocedora afición al deporte rey en la ciudad capital que ya lo veía en la gran carpa.

Participó incluso en un nacional estudiantil del 68 celebrado en la ciudad de Hermosillo, Sonora, y en el juego contra los anfitriones, el manager Carlos Duarte le dio la pelota para lanzar y ganó un juegazo 1 carrera a 0 trabajando toda la ruta, ante el poderoso equipos sonorense, mientras que  Guadalupe Polanco cubría las paradas cortas.

De antología fueron los juegos en la liga municipal de béisbol ante equipos sobradamente fuertes, amados para ganar, como el histórico Avalos de la “Sota” Venegas, Café la Vencedora del recordado Don Raymundo “Pispirriia” Sánchez, el Brandy Dorado de “Nano” Torres, Frenos y Filtros de Armando Acosta.

Igual ante el potente equipo Minerales que dirigía el “Molinero” Montes de Oca, entre otros, quienes fueron testigos presenciales de las magistrales manos que empezaba a mostrar Mario Mendoza Aizpuru, tiempo después llamado “Manos de Seda”, apodo que le fue impuesto en las Ligas Mayores cuando vestía la franela de los Piratas de Pittsburgh, donde siempre su fuerte era el fildeo en el cuadro.

Cabe destacar que durante un juego de playoff del béisbol municipal entre Avalos y la UACH, se realizaron 4 dobles play que fue récord en la liga, trabajada por la llave Mario Mendoza-Valentín Ramírez-Alfonso Herrera.

Jugó tres años con la UACH del 68 al 70, donde dio muestras de gran destreza con el guante que le valió remontase a la triple A de las ligas menores en Carolina del Norte, sucursal de los Piratas y llegar más adelante a Ligas Grandes con Pittsburgh, donde definitivamente triunfó en grande.

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