El día que Julio Cesar vino a Parral a traer gallo

El día que Julio Cesar vino a Parral a traer gallo

La Pera del Olmo

Ricardo Urquidi

Corría el año del 92 allá por Septiembre, en las oficinas de Stereo 97(hoy la Tremenda) en la Avenida Independencia, redactando para el noticiero vespertino, recibo una llamada de Rene Rosas, en aquel entonces administrador del Miller Inn Hotel: “Ricardo ven rápido al hotel aquí esta Julio Cesar Chávez”, la noticia llega a mi cabeza como un balde agua fría, lo primero que pienso es: “otra de mi Parralito”, pero pienso en la credibilidad de Rene y mi reacción inmediata es dejar lo que estoy haciendo e irme de inmediato a las inmediaciones de Cerro Blanco, lo peor que me puede pasar es que sea una broma, aunque no es 28 de Diciembre.

Días antes Julio Cesar había disputado una de las batallas más memorables de su carrera contra Héctor Camacho, bajo un ambiente caliente, “El Macho” bocón como siempre pronostico a los cuatro vientos su victoria sobre el mexicano, por su parte el de Culiacán, al igual que Salvador Sánchez cuando se enfrentó a Wilfredo Gómez, solo dijo: “No lo voy a noquear, lo voy a golpear de tal manera que ni su Madre lo va a reconocer”, hay que recordar que pugilísticamente hablando entre Puerto Rico y México hay una rivalidad brava, enconada, añejada en históricos y épicos combates.

Al llegar al hotel, me recibe Rene y me lleva con Julio Cesar, nos presenta lo felicito y con esa apertura, con esa sangre liviana que siempre ha tenido, le lanzo preguntas, una de ellas la principal:” A que viniste a Parral?”, “Vine a traer gallo a mi compadre Heladio Guerra, recientemente fallecido, el nunca falto a una de mis peleas, siempre me apoyo y aquí estoy con el amigo, mañana me voy”, no conversas con una celebridad, lo coloquial se impone, horas antes en su jet, había aterrizado en el aeropuerto Frisco, “Julio podemos entrevistarte al aire en la radio?”, “Claro, luego, luego”, “Pero Julio sabes lo que eso significa?”, “Que?”, “El hotel se va a inundar, tu privacidad en Parral se va a perder”, “Tu dale, yo contesto”, mientras se toma una cerveza, hablo a la radiodifusora: “Corten transmisión y mándeme micrófonos estoy con Julio  Cesar Chávez”, “Que?”, “Que me metas al aire”.

A los minutos de comenzar la entrevista es tanta la gente que llega al hotel, que tienen que cerrar la puerta, solo unos cuantos tienen la fortuna de estar con la leyenda, Julio Cesar en un acto por demás inolvidable, ordena a Rene Rosas abrirla para salir a saludar: “Buenas Noches… lo único que les pido es que no me agarren los brazos, los traigo muy adoloridos de tantos chingazos que le di al Macho”, todos ríen el anuncio para convivir con el Tri Campeón Mundial, la visita de Julio Cesar se convierte en una verbena, la algarabía se apodera de todos, una hilera de luces se divisa hasta lo que hoy es la Glorieta de Pancho Villa, el ultimo de los Ídolos del boxeo mexicano tiene atenciones para todos y como dijo Joaquín Sabina: “Y nos dieron las diez ”.

Hay gente que llora tan solo con verlo, otros llegan al clímax gritando orgullosos: “Campeón, campeón”, Julio Cesar se muestra agradecido y atento con todos, las horas pasan y el desfile no termina, solo el cansancio lo hace retirarse a su habitación en la madrugada, en la mañana sale rumbo a Culiacán y el descanso es obligado, “Julio podemos hacer otro enlace mañana cuando te vayas?”, “Seguro de aquí al camino al aeropuerto la hacemos”, en el trayecto pasamos por Santo Tomas, en lo que serían las instalaciones del Asilo de San Vicente y le explico la problemática, “Cuando quieran yo vuelvo a Parral y hacemos un entrenamiento público para recaudar fondos”, propuesta rechazada por el primer Obispo de Parral por considerarla inapropiada.

Gracias a Julio Cesar, como periodista me dio mi primera noticia a nivel internacional, luego de que varios medios impresos, radiofónicos y televisivos me contactaran para conocer los detalles de la entrevista y visita a Parral del tal vez mejor boxeador que ha dado México en toda su historia, así vino Julio Cesar Chávez a Parralito Llovedor un Septiembre del 92 a llevar mariachi al Panteón Jardín.

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