Crónicas de coronavirus 46

Crónicas de coronavirus 46

Ricardo Urquidi

Anacleto va al cajero y afortunadamente para él, no hay filas para los cajeros automáticos, es quincena la diosa fortuna le beneficia, cuando esta frente a la pantalla hay un sentimiento de incertidumbre, tiene miedo de que su sueldo aun no haya sido depositado y mientras teclea su NIP, pacientemente escucha los sonidos que emite el robot que tiene enfrente, para su desgracia aparece una leyenda, “Por el momento este cajero no tiene efectivo”, de inmediato voltea ver  a los demás que están a su lado y tienen la misma expresión de enojo, Anacleto voltea a ver la fila para entrar al banco a las cajas y la piensa, sin embargo no tiene alternativas, necesita el producto de su trabajo y con resignación hace fila, después de dos horas al fin sale con un cansancio desesperante saca su dinero directo, por las noticias sabe que los bancos obtienen magnificas ganancias y no digiere como es que nomas atiendan con un cajero a todas las personas, en sus pensamientos nace la intención de sacar su cuenta de nomina de ahí, pero después desiste, todos los bancos están en la misma situación.

Lo primero que hace es ir a pagar el cable, otra fila considerable, trata de pagar con su tarjeta pero el cajero de la empresa televisiva no la acepta, otra vez a hacer fila, mientras bajo el sol incandescente, reniega del servicio del cable, varias veces en el mes la señal se cortó, en otras ocasiones la imagen se congelaba, Anacleto voltea a ver a sus compañeros de fila con cara de enojo reprimido, él está igual, valora su intención de reclamar por esos días en que el servicio estuvo pésimo, el paga por 30 días, así dice el contrato y es claro que muy pocos meses, la calidad, la permanencia de la imagen, es deficiente o nula y no hay devolución de lo incumplido, por fin después de una hora sale de su compromiso mensual.

Al llegar a la casa, su esposa Clotilde ya tiene lista la comida y con tanto tiempo parado, no hay mas premio que una suculenta comida preparada por su esposa: “Ya no hay agua, ya la cortaron, ahora hasta mañana, ya no quedo agua para lavar… ah!, pero eso si son muy buenos para cobrar”, Anacleto por un momento vuelve a sus enojos reprimidos, otro servicio que paga de pésima calidad, trata de bloquearse, es una practica mensual cada vez que paga lo mas elemental, no hace comentarios, hacia su mente llega la obligación del pago de la luz y con tanto ventilador prendido, no quiere imaginarse la cantidad que va a pagar, para evadir los problemas del día se concentra en la riquísima sopa de fideo, por ahí huele un estofado y olvida todo.

Apenas termina la sopa y aparece su hijo Ponciano: ”Mendigo internet esta lentísimo… la tarea que se puede hacer en una media hora, estoy tardando dos horas… y ni modo que sea por falta de megas, tienes contratado 20 pero ya medí la capacidad y no llega ni a diez, rateros”, a Anacleto le empieza a doler el cuello, pero lo que tiene enfrente lo hace olvidarlo, “Siéntate hijo, vamos a comer a gusto”, suplica queriendo entender que no hay remedio, su capacidad de comprensión le dice que en todos los servicios que paga para darle una calidad de vida mejor a su familia, sufre una extracción de la renta: paga mas de lo que recibe.

Después de disfrutar de las artes culinarias de su amada eterna, Anacleto, va a la sala a prender la televisión, busca el canal de noticias y se sorprende, Chihuahua es noticia nacional: “Agricultores de la región sur del estado, se enfrentaron a la Guardia Nacional y lograron desalojarlos de la Presa La Boquilla, se calcula que hay mas cien lesionados, las fuerzas castrenses lanzaron granadas de gas lacrimógeno a la multitud sin distingo de hombres, mujeres y niños”, narra el conductor del noticiero, hay una rabia contenida en sus emociones, ve las imágenes donde se expulsa a la Guardia Nacional, los cantos del himno nacional para despedirlos, los lesionados y como el agua deja de fluir por las compuertas, le inunda un sentimiento de empatía, él no tiene el valor de hacer lo mismo, le aterroriza pensar en dejar huérfana a su familia a consecuencia de un conflicto social.

Además del dolor en el cuello, siento una loza en su pecho, es una presión social sobre su vida, como alfileres, como punzadas que acumulan dolor gracias a un sistema político, económico, social lo aprisiona, que le causa tensión, piensa en su Presidente Municipal, en su Diputado, en los partidos políticos, en los monopolios, en los servicios públicos, en su calidad de vida, en su exiguo confort y se enoja consigo mismo: “Me lo merezco?”, se dice así mismo, una y otra vez, ya sabe la respuesta pero no puede gritarla y se siente huérfano, no hay nada ni nadie que lo defienda.

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