Erick Gardea y el destino 2008

Por:José Luis Arras Porras.

Me congratulo de pertenecer a un grupo de personas (tres en total) que han seguido de cerca el Campeonato Estatal de beisbol desde hace ya algunos años. Me refiero naturalmente a los señores Javier “el profe” Pérez, muy serio, muy formal, ampliamente conocido en todo el estado, pues aparte de ser el orgulloso padre de Javier y Jorge “el alemán” Pérez -excelentes peloteros- también incursionó en el mundo de la narración de los juegos de los Indios de Juárez, acompañando a voces tan reconocidas como Martin García Prieto, Ricardo Meza Armendáriz y Mario Payán Ureña.

No podría faltar el señor Carlos “charly” Terrazas, también muy conocedor del juego de beisbol, con amigos en todos lados. Charly es una persona que derrocha simpatía y buen humor por todos los poros, y es el encargado de hacer muy amenos los viajes, pues tiene la anécdota y el chascarrillo a flor de labios. En ésta ocasión salimos de Cd. Juárez, el viernes a eso de las 8:30 de la mañana y después de hacer una escala gastronómica en Villa Ahumada, arribamos a la capital del estado a las 12:30, -cabe mencionar que el Profe.

Le pisa con mucha alegría al acelerador (130 KPH)- tomamos a la izquierda por vialidad Sacramento y si no es porque se nos atravesaron 4 semáforos, hubiéramos llegado al Estadio a las 12:45. Una vez en las taquillas echamos mano de nuestras respectivas credenciales del INSEN (solo el profe. Y yo, Charly es chavo) y solicitamos 3 boletos de palcos, ¡Ho sorpresa!, estaban todas las butacas vendidas, y solo había boletos para gradas, ¡allá atrás en los jardines! después de una rapidísima junta, decidimos comprar los boletos; eso si, muy baratos ($15.00) se nos hizo raro, pues nos habían dicho que Fco. Javier Fierro, Jurisdiccional de la 2ª. Zona, los había puesto a $50.00 parejo, en fin.

Rápidamente nos instalamos en un comodísimo hotel, de pasada llegamos a “El Papalote”, donde sirven unas fajitas que no tienen progenitora; una vez “arreglados”, nos dirigimos al Estadio. Lógicamente debido a nuestras económicas localidades, entramos por la parte trasera, y como era temprano, nos acomodamos fácilmente en el área del jardín izquierdo; ese fue el primer error, esa enorme área fue prácticamente tomada por los Parralenses, y son súper ruidosos, gritan, aplauden, tambores, cornetas, de todo.

Bueno, ni modo, ya estamos aquí hay que disfrutar el partido. Y como dijo “El Teco” Flores, usted entra en el Gran Estadio Chihuahua y le da el aroma a beisbol. El césped con un verdor que lastima la vista, la arcilla roja recién rastreada y regada con una tersura que uno no se explica como puede tener un mal bote la pelota, un magnífico alumbrado; los equipos calentando, haciendo estiramientos y confundiéndose unos con otros pues los dos equipos utilizaron el uniforme con camisolas negras.

En serio, porqué será que nunca se ponen de acuerdo, afortunadamente los Dorados traían pantalonera gris, y los Mineros blanca, pero fuera de eso todo muy bien. El enanito con su show haciendo las delicias de los niños, y “Pancho Pistolas” también aportando la parte cómica del partido.

Estuvimos observando al “Zurdito” Gutiérrez preparándose para iniciar su calentamiento; no me lo va a creer, se toma unos 30 minutos en puros estiramientos, tiene un ayudante, y seguramente le truena todos y cada uno de los huesos del cuerpo -bueno le estira hasta las orejas-, luego corre, sprints cortos, sprints largos, se calienta con tiros desde la barda hasta la línea de faul, luego de más cerca, finalmente, se mete al bullpen y hace algunos 30 o 40 lanzamientos, todo un ritual el de Beto, lo que demuestra que a él nadie le regala nada, es bueno porque su trabajo le cuesta, éste muchacho se está desperdiciando en el beisbol estatal; en serio, tiene para Liga Mexicana y posiblemente para más arriba.

Ojalá no se engolosine con el dinero que gana en Parral, y se proponga un objetivo realmente grande. Pero allá él. Bueno, no vamos a comentar el juego porque ya todos saben el resultado, ganó Chihuahua 2 a 1, con magistral labor de pitcheo de Orlando Moreno, y un relevo de oro de Adrian Osuna.

Y en serio, que frialdad, el estadio a reventar, la porra de Parral (10 mil personas) al máximo, corredores en segunda y tercera, y Oscar Jasso en la caja de bateo.- ¡base intencional!, ¡claro!- la porra le grita a Adrian, desde miedoso hasta maricón; viene “El Terrible” a la caja de bateo e inmediatamente lo pone en dos bolas, luego un strike, luego otra bola. Aquello era la locura, 3 y 1, a una bola de empatarse el partido, otro lanzamiento y faul, 3 y 2, -Osuna con una calma que le envidiaría hasta Marianito Rivera- se baja de la loma, toma su tiempo y viene con el lanzamiento ¡FOUL!, ¡TODO EL ESTADIO DE PIE!, siguiente lanzamiento, -¡STRIKE! ¡PONCHE!- Adrian Osuna enfrió a los Mineros; la novena entrada fue pan comido, y los Dorados se alzaron con el Gallardete.

En éste juego el destino le tenía reservada una sorpresa muy agradable a Eric Gardea. El espigado jardinero abrió en la banca como en la mayoría de los partidos, pero en la mismísima primer entrada a Carlitos García, le pasaron tres como a Rosita, y después de gran berrinche, y de aventar el bat en forma por demás violenta, el umpire lo mandó a las regaderas; por lo que vino Eric, y en un momento crucial del juego con hombre en tercera, le pescó un lanzamiento al Zurdo y se la puso de lina por arriba del primera base, produciendo la segunda carrera de los Dorados, que a la postre fue la del gane. Así es el beisbol a veces te quita, pero a veces te da a manos llenas, como a Eric Gardea que va a recordar éste juego por mucho tiempo.

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