Nomás íbamos por uno

Nomás íbamos por uno

La Pera del Olmo

Ricardo Urquidi

Hace 25 años en 1995 para ser exactos, luego de haber obtenido el título en Cuauhtémoc con aquellos increíbles Mineros nativos del 94, La Cuarta Zona defendía su corona, el equipo ya contaba con foráneos que vinieron apuntalar el equipo, el romanticismo de jugar con puros locales era época del pasado.

Al ganar aquel épico título, las carteras llenas de billetes volvieron al Valente Chacón Baca, se contrataron peloteros de otras zonas para buscar el bicampeonato e iniciar una dinastía que cosechara campeonatos, luego de que en las décadas de los 60’s, 70’s y 80’s solo se habían logrado 5 títulos, Algodoneros fue el rey de los 60’s, Manzaneros los 70’s y Dorados y Algodoneros sobresalieron en los 80’s.

Parral tuvo buena temporada de tal manera que se enfrento a los Indios de Juárez en las semifinales, la Furia Gris con Miguel “El Mano Muñoz” en el timón, en aquella época los primeros playoffs eran series de cinco juegos a ganar tres, los aborígenes vinieron a meterse al Valente Chacón Baca para los dos primeros y no salieron vivos, era una época en que la Catedral del Beisbol de Chihuahua era un manicomio que pesaba en el ánimo de los visitantes.

Aquellas épocas en que la afición se iba temprano para conseguir un buen lugar, nos salíamos terminado el juego del domingo en la mañana, para después de comer un lonche de Nono de la Rosa, disfrutar el tercero, las incomodas gradas de cemento no importaban, las láminas del techo del vetusto parque sufrían los golpes de porra, así con esa fuerza que da jugar en casa, la serie se trasladó para la primera frontera del país, con cuentas alegres, al fin y al cabo, nomás íbamos por uno.

En el tercero, el juego del sábado, acuérdense que se jugaban uno el sábado y dos el domingo, en el incómodo Canales Lira, caímos 4 a 0, en ese momento no existía preocupación entre los fans que en camiones se trasladó a la primera frontera del país, la gira como de costumbre reunió a familiares, a amigos de la infancia y después de una noche de juerga en un Juaritos tranquilo, sin violencia, se disfrutó el cálido calor en el desierto para luego irnos a dormir con el pensamiento: Mañana ganamos y nos vamos a la final.

Con ese ánimo nos fuimos al maratón del domingo, pues en la mañana, perdimos 9 a 1, ya preocupados comimos en las afueras del estadio, muchos no sabían si lo que sentían era una resaca corporal o el escalofrío que da la posibilidad de una derrota más y la eliminación que pega en lo más hondo del orgullo, con esa incertidumbre nos fuimos a un quinto.

Pues el juego se volvió a ir de un solo lado, del lado de Juárez, ya en la novena con el marcador 9 a 4 a favor de los aborígenes, con dos outs en la novena, a punto de enviarnos a la guillotina y de regreso a Parral, debajo de nosotros, con los pelos de la mula en la mano, un viejito, de los que le faltan dientes y salpican al hablar, de los que disfrutan cada momento el tiempo que están viviendo, pues que se levanta y temerariamente dirigiéndose a la porra minera nos dice: “Adiós, nos vemos el año que entra”.

Y como siempre hay alguien en la bola, que no le falta el ingenio, que en el aire las compone, que se levanta y le contesta: “Mire viejito presumido, a mí se me hace que usted ni buñuelos va a comer, así que mejor siéntese”, a pesar de la derrota inminente, todos los que hicimos el viaje, soltamos la carcajada, mientras que aquel abuelo, que estaba viendo ganar a su equipo, con la espalda encorvada, lo único que hizo fue sentarse y buscar refugio entre sus compañeros.

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