Crónicas de coronavirus 51

Crónicas de coronavirus 51

Ricardo Urquidi

En la historia de la cinematografía mundial existen cuatro clásicos del genero de ciencia ficción: 2001 Odisea en el espacio(1968) de Stanley Kubrick, Star Wars(La Guerra de las Galaxias)(1977) de George Lucas, Alien El Octavo Pasajero(1979) de Ridley Scott y Encuentros cercanos del tercer tipo(1977) de Steven Spielberg, en ellas se consensa en el séptimo arte, la visión humana sobre el futuro, la evolución de un mundo ficticio que tal vez en un tiempo cercano nos alcance.

Mas allá de la máxima de Julio Verne: “La realidad supera la ficción”, más allá de: “Eso no es cine” de Martin Scorsese al referirse al cine de héroes que nos inunda, ahora en esa creatividad, en ese momentum que nos aprisiona con motivo de la pandemia, si alguien en la industria de Hollywood escribiese un guion en donde la trama se desarrollara en círculos políticos mundiales que se preocupan por la sobrepoblación, de cómo nos estamos acabando los recursos naturales, de las posibles guerras por el agua, ya no por petróleo, ¡no nos asombraría!

Paralelo a ello en la historia que nos ocupa, si existiera en un plano irreal una comunidad científica al servicio de los grandes intereses económicos, no del avance de la humanidad, empecinada en atender las más populares enfermedades para enriquecerse, olvidándose de los países pobres con escaso poder adquisitivo para atender su salud, ¡ocultando descubrimientos que solucionaran problemas sanitarios a nivel mundial, ¡no nos asombraría!

Como parte de ese rompecabezas en la próxima producción cinematográfica, existiese en el guion una comunidad tecnológica obsesionada por comunicar al mundo a costa de su raciocinio, de su aislamiento, de invasión a su privacidad, de crear a través de la cibernética un nuevo mundo económico, de teledirigir a través de los medios, de las redes sociales la opinión mundial, ¡no nos asombraría!

Para que la próxima película cubriera todas las aristas de lo que nos depara el futuro, nos dé una idea de cómo se perfeccionan las armas que nutren a todas las guerras del mundo, como sería la autodefensa de nosotros en un mundo sin leyes, ¡si existiese ese guion no nos asombraría!

Si en ese devenir el libreto nos ilustrara del comportamiento humano ante el caos, como salvaríamos el pellejo de nosotros y nuestras familias sin importar los demás, como robaríamos suministros para almacenarlos y proteger nuestra supervivencia, ¡no nos asombraría!

Pero si ese libreto nos cuenta con tono espeluznante como para acabar con gran parte de la población mundial, ese sector de la humanidad que ya es una carga para los gobiernos, esa segmentación de los pueblos que provocan que los servicios de salud sean insuficientes, y así para depurar a los habitantes de una aldea global, que ya no tienen futuro que sea aprovechado, son más bien una carga, a la más pura esencia del naturalismo, de Charles Darwin que nos indica que en todo proceso evolutivo, solo los fuertes sobreviven.

Así bajo esa óptica, en un laboratorio de equis mundial, bajo el consenso de las grandes potencias, se crea en un laboratorio con los más grandes científicos un virus, una bacteria que solo tiene como fin y objetivo atacar a todos aquellos que son enfermos de los excesos que el consumismo produce: Diabetes, Hipertensión, Obesidad, que ese COVID 19 se manifiesta en nuestro sistema respiratorio, pero provoca graves daños en nuestras debilidades, que es un virus con vocación individualista, que se comporta según nuestro ADN.

Que ya no es pandemia, es una sindemia, la suma de varias pandemias que en el pasado eran estadísticas por separado y ahora se sintetizan en una sola… cuando sentados ya no en una butaca de cine, en la televisión de nuestra casa, observamos esa película, ¡no nos asombra!, la estamos viviendo, ya la realidad supero la ficción, ante la complacencia de la ignorancia de gran parte de nuestros vecinos, que creen que son inmunes.

One Thought to “Crónicas de coronavirus 51”

  1. Carlos

    Debe estar en la lista “Blade Runner, 1982, Ridley Scott” una apología en la que los seres artificiales muestran más sentimientos que los humanos

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