Crónicas de coronavirus 52

Crónicas de coronavirus 52

Ricardo Urquidi

“Que es la muerte, mas que la imagen inerte de nuestros excesos”: Ricardo Urquidi

Pensar en la muerte y en mi día, no me quita el sueño, es como saber que no despertaré el día siguiente, me voy a dormir pensando que dormiré largo y profundo, veo lo que sembré, coseche y me iré tranquilo, sin aspavientos, deje buenos frutos…

Desde muy temprana edad la tuve al lado, en el 66, me expulso por un vidrio y me aventó más de veinte metros, no fue suficiente… a pesar de perder a Laura y a Pepe Grande.

En el 74, me dejo en la orfandad de mi cuarto al llevarse a Rubén Darío, el penúltimo del desfile…

En el 84, mi Padre mismo me aviso de su regreso…

En el 88 se llevó a mi Tita, serena y cansada, dispuesta a alcanzar al Patriarca.

En el 2016 el cangrejo vino por Raúl.

Hoy cuando a diario, se hace presente en nuestro trajinar con noticias intermitentes, que van una tras de otra, doblegando nuestros corazones como una vela que poco a poco se apaga, inundando nuestra nostalgia por el que parte a un destino infinitamente benévolo, que nos deja con el egoísmo de creer que nuestros seres queridos son perpetuos, imaginando el duelo familiar sin estar presente es como dibujar una historia sin fin teniendo como principal protagonista al COVID 19.

Nuestra vida comienza contigo y nuestra ida termina con nuestros excesos, no hay culpables en el camino…

Desde el momento mismo que naces ya vienes con un cuadro genético que te acompañara por el resto de tus vidas, por supuesto que habrá componentes defectuosos que de ser robustos te acompañaran desde temprana edad, cargas ancestrales de costumbres de los cuales no puedes desprenderte, fortalezas que darán balance a un equilibrio preconcebido, fijaran tus vocaciones, tus aptitudes, a veces esa armonía endeble es una síntesis de fechas escalonadas en donde tu salud te va a recordar que no debes abusar de los excesos, en otras ocasiones de tipo extremo, por accidente, por exceso de confianza, de ignorancia, de precaución, sin implicar cuestión natural, más que la social, como ese duende que se esconde, ni te avisara, simplemente llegara a pisar tu huerto, siendo victima de los excesos de otro.

Así navegamos acumulando debito en el hígado, en el estómago, en el corazón, en los pulmones, en nuestras arterias, con excesos en la comida, en el alcohol, en la azúcar, en el cigarro y no eres capaz de cambiar tu ritmo de vida, para ti no es motivo de alerta, eres joven, tienes en esa cuenta bancaria biológica, saldo a favor hasta que llega el momento en que ya caminas despacio, ya la pelota corre más rápido que tú, ya abrazas a tus hijos, sin darte cuenta un día necesitas checar el saldo de tu tarjeta de crédito, oh sorpresa! no hay fondos y llega el COVID 19 como vil mafioso a cobrar cuentas pendientes.

Y te enojas puerilmente, te enfadas con la autoridad por incompetente, te disgustas con el vecino porque hace fiestas, te cabreas con los políticos por su apatía, te enfureces con las limitaciones al ir a comprar cerveza, aborreces las restricciones de cubrir tu boca, retas a la noche y las luces de neón, abres la mandíbula para saborear la tortilla y la hostia, así sigues en un guion eterno en los excesos culpando a diestra y siniestra.

El COVID 19 como heraldo llega tu puerta, te anuncia que tú eres el siguiente y no haces caso, sigues con tus excesos, sigues con la ruleta rusa, olvidando las debilidades que el mismo paso del tiempo te marco, al fin por persistencia propia llega tu entierro sin pensar en los excesos, no hay más que una vida y hay que comérnosla de una sola tajada.

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