Pipo El Sordo 2

Pipo El Sordo 2

Ricardo Urquidi

Así paso el primer año de existencia de Pedro, cuando empezó a gatear, Doña Rosario noto que no respondía con prontitud a sus llamados, ya había notado en el pasado que su hijo era débil a los sonidos, varias veces se le había caído un plato, la plancha, una cuchara, cualquier cosa y permanecía impávido, se lo comentó a su esposo Guadalupe y fueron al DIF Municipal, de inmediato mediante pruebas le diagnosticaron una hipoacusia media,(Sordera) el niño debería estar en constante supervisión medica, su problema no era grave, pero si requería de especialistas para que su sistema auditivo pudiera evolucionar y no perdiera la adquisición del lenguaje, Doña Rosario y Don Lupe atentos escucharon y esa limitante que siempre es y provoca la ignorancia, ellos solo entendieron que su hijo estaba mal del oído, que costaba curarlo y no quisieron preguntar más, resignándose a la enfermedad.

El diagnostico no era en si el remedio, la pobreza del matrimonio Leyva Pizaña los rebasaba cada vez que volteaban a ver a su hijo crecer y los años llegaron a Pedro como suena la gotera de una llave descompuesta, su sonido intermitente golpea la mente con el problema y las carencias provocaban que la solución nunca llegará y al final del día forme parte de la naturaleza, del paisaje, de la familia.

El matrimonio temeroso y cierto del problema de su hijo Pedro, no lo inscribió en el jardín de niños, a sus cuatro años de edad solo balbuceaba palabras incoherentes, Doña Rosario trataba de leerle a su hijo, le deletreaba palabras, con paciencia tomaba objetos para casi gritarle el nombre de cada ejemplo, con el único fin de sacar adelante a su hijo, de tratar de encontrar una solución casera al problema de Pedro.

Don Lupe cansado cada día al llegar de las ladrilleras, con el bolsillo raquítico, después de comer lo poco que alcanzaba, salía a la calle con su hijo a que jugara con la tierra, con un trozo de madera o con lo más próximo que simulara a un juguete, Pedro en su mundo veía en su Padre a su único amigo, Don Lupe con su infinita ternura, agradecido con la vida por haberle dado la dicha de ser Padre, no le importaba la situación de su hijo, en cada momento le brindaba su cariño, su ternura y sobre todo su protección.

Cuando cumplió los seis años, él y Doña Rosario fueron tímidamente a la escuela más cercana a inscribirlo, el personal docente acostumbrado a los casos más extremos de niños marginados, lo aceptaron, de inmediato fue motivo de atención entre sus compañeros de clases, Pedro en su interior comprendía todo lo que pasaba a su alrededor, pero se desesperaba por su torpeza al hablar, por su frágil oído, a pesar de que siempre se sentaba en la primera fila, así en silencio, con el miedo que le representaba la hora del recreo, el interactuar con los demás, se aislaba en una esquina, en una sombra.

En una ocasión, en pleno salón, no se pudo expresar para ir al baño y se hizo en los pantalones, provocando la burla de los niños más crueles, esos que siempre existen en cualquier salón de clases, uno de ellos le grito; “Pedro se hizo pipi, por ser sordo” y en su afán por repetir la frase rápidamente se equivocó y grito: “Pedro se hizo pipo sordo”, los demás ya no tenían una sola razón para reírse, ahora también se reían de los dos, no falto uno que arreglo la situación y llamo a nuestro personaje principal: “Pipo el Sordo”, apodo que le seguiría por el resto de su vida.

Ante la fragilidad de su alumno, la maestra consciente y solidaria, lo empezó a cobijar, diariamente al llegar a la escuela le llevaba desayuno, en el recreo le compraba golosinas, notaba que en los exámenes sin llegar a las buenas calificaciones, era más que evidente que era un niño capaz de razonar, de asimilar lo que se impartía.

Inquieta, curiosa, le pregunto a Doña Rosario cual era el problema de Pedro, temerosa de que su hijo fuera expulsado de la escuela, solo atino a contestarle que él así había nacido y que los Doctores les habían dicho que siempre iba a tener problemas con el oído y con el habla, la maestra resignada solo acertó a ponerle mayor atención.

Continuará…

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