El día en que Enrique Escobedo les gano a unos chinos

El día en que Enrique Escobedo les gano a unos chinos

La Pera del Olmo

Ricardo Urquidi

En una ocasión en la oreja del Puente Guadalupe Victoria, en Ke-Rico para ser preciso, antes de la remodelación de los puentes que se realizaran en el sexenio de Cesar Duarte, a principios de siglo, degustando unos riquísimos burros elaborados por Enrique Escobedo, al lado del inolvidable Pepe Hicks, recién llegado de su casa radiofónica la JS, entre sorbos de cafés y platica coloquial salen a flor de labios las hazañas de Enrique en el deporte del pedal y la fibra, los ahí asistentes cobijados por esa hermandad de saberse parralenses y comensales de la misma savia, las anécdotas fluyen, Pepe Hicks sereno como siempre lo fue, apuntaba mentalmente para su programa: Parral de mis Recuerdos.

Oscar Chávez de Gala reta a Enrique: “Cuéntele a Richard cuando compitió en Los Ángeles y les gano a unos chinos”, nuestro anfitrión reacciona de inmediato a pesar de estar combinando cebolla, tomate y chile para que sirva de aderezo picante de una torta de molida, se anima de inmediato: “Pues ahí tiene Richard, que mi Señora Esposa tiene familiares en Los Ángeles y cada año pues vamos a visitarlos, cada vez que nos hospedan nos colman de atenciones, hemos estado hasta un mes allá con ellos, si por ella fuera mi Señora allá se quedaba, pero pues hay que venir a atender el changarro”, como buen platicador el decano del ciclismo parralense, con pausa sin apresuramientos nos comparte con lujo de detalle su experiencia.

“Pues ya estando en tierras californianas, que nos enteramos que va a haber una carrera… y pues ya sabe como es el gusanito de la bicicleta y que les comento a los familiares que si hay chanza de participar… pues pa´pronto que se informan y me animan, hasta me consiguieron una bicicleta, mejor de las que aquí yo tengo… pues a entrenar y entrenar”, el café, el burrito, la torta adquieren otro sabor, el sabor de la nostalgia, hay un silencio de atención de los ahí presentes, algunos ya saben el final, pero igual lo disfrutan con la forma en que Enrique nos introduce.

Atendiendo a los comensales, prosigue con su relato: “Pues que llega el día de la competencia y yo solo Richard, no tenía con que hacer equipo, para acabar pronto, ni ingles hablaba, pues en lo que comienza la carrera que me encuentro unos chinos, y ya sabe que yo mas o menos tengo rasgos asiáticos, pues que me acoplo con ellos, pero no les entienda nada de lo que me decían, total en algo les he de servir en hacer equipo… pues ahí vamos, yo no sabia que onda Richard, que nivel tenían los que competían y pues me fui reservando… cuando llegamos a la mitad de la carrera, yo me sentía fuerte y el pelotón líder no estaba muy lejos, así que yo veía a los chinos para atacar la punta y los animaba, pero no me hacían caso”.

Como buen parralense y buen competidor, uno espera una hazaña de un mexicano en tierras extranjeras, un hecho superlativo, por lo tanto la plática de Enrique me embelesa, a propósito retardo la ultima mordida al burrito, guardo café para saborear el final: “Faltando unos diez kilómetros para terminar, yo me sentía muy fuerte, podía ir por el triunfo, dar la pelea y por mas que volteaba a los chinos para atacar en equipo no me hacían caso… pues que me animo Richard y le doy, en eso que me gritan los chinos: “Pélate, Pélate”, y pues yo con más ganas me anime, que le doy, aquí me reviento o gano me dije a mi mismo… y pues me revente Richard, no alcance a los líderes… pues ya que termine, pues mi familiares me felicitaron y en eso llegan los chinos enojados, gritándome en un español muy mocho: “Te dijimos que Pélate”, “Pues eso hice, le pele a Madre”, “No que te esperaras!, que te esperaras!… pues quien les iba a entender Richard”, todos los ahí presentes soltamos la carcajada, hasta los que ya sabían el final, con igual alegría festejaban las vivencias de Enrique Escobedo en Los Ángeles.

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