Pipo El Sordo 13

Pipo El Sordo 13

Ricardo Urquidi

Pipo El Sordo se levanta con calma, siente el cuerpo adolorido, no le queda la menor duda de que está enfermo de gripe, pero no quiere inquietar a su Mama y finge estar bien, la avena que le prepara Doña Rosario, le sabe a gloria, le pide un té de hierba buena, su sentido común le dice que necesita líquidos y quiere dentro de sus posibilidades, salir a trabajar con defensas para su cuerpo.

Al llegar a El Sol de Parral, un viento gélido le azota la cara, sus mejillas se sonrojan por la temporada invernal, su juventud lo saca a flote y sala rumbo a su habitual recorrido, al llegar a la Camargo, toca la puerta de Talalea, quien al abrir la puerta de inmediato ve que escurre liquido de las fosas nasales de Pipo y comenta: “Andas malo?… pásale te voy hacer un remedio muy efectivo”, sin avisar se dirige a su cocina y le prepara una limonada, con miel, bien caliente, después de tomarlo Pipo agarra nuevamente fuerzas y continua.

En la Víctor Hugo, Narcisa una viejita que en otras épocas fue sirvienta, ve los síntomas inequívocos de la gripa y aplica otro remedio casero, ahora el prepara a Pipo un té con corteza de pino y se la ofrece, Pipo no dice nada, en su mente concluye que al final es líquido y es lo que más necesita en esos momentos.

Aun débil, sigue hasta llegar a la Mayas, ahí se topa con Galdino, un vagabundo que al verlo, en forma pausada, como los que arrastran las palabras después de fumar un cigarro de marihuana le ofrece: “Qué onda mi Pipo, no quiere un charanda, si no se le quita el gripon que trae, cuando menos se le olvida… lléguele carnal”, asustado nomas de ver la imagen de Galdino, con las manos le dice que no y lo evita.

Quirita, señora de pocas pulgas, que todo mundo conoce en el Barrio del Conejo, otra de las clientes de Pipo lo recibe en su hogar, al verlo,  no pregunta y le prepara un licuado de naranja con repollo, al ver la combinación, Pipo solo traga saliva y piensa por dentro: “Como le digo que no quiero, a que sabrá semejante bebida”, Quirita intuye las dudas y lo anima: “Ándale esta bebida es muy buena”, y casi forzándolo se la encamina a la boca, Pipo gesticula, se incomoda, pero al final se la bebe, para luego salir a gorro de la vivienda.

Por la 2 de Abril, vive Walarica, antes de tocar Pipo piensa en su estado, ya empieza a tener miedo de que le den otro remedio para la gripe, igual o peor al que le dio Quirita, todavía tiene el ingrato sabor de la experiencia, no tiene la valentía para decirles que no, sabe que lo hacen de buena fe y con toda intención, pero ya tiene temor, con más dudas e incertidumbre toca la puerta, solo para oír unas palabras tiernas: “Mira como vienes, pásale, ahorita te preparo un remedio infalible”, Pipo, se dice así mismo: “No es posible, ahora que hago, ya me tienen loco con tanta bebida”, Walarica hierve unas rodajas de cebolla y le agrega pimienta, Pipo quiere salir corriendo, pero lo detienen y se la recetan vía oral.

Al salir de la casa, Pipo ya confunde los síntomas, ya no sabe si está enfermo de la gripe o del estómago, siente pesadez, pero no es de unas ricas carnitas de puerco, antes de ir a su próxima entrega toma la decisión de negar toda ayuda que le puedan dar, agarra valor para en su momento decir : NO.

En la Chihuahua, llega con Ursicino y al verlo, siente que se va echar una flatulencia con premio, rápido le pide el baño, su anfitrión intuye que es una emergencia y le indica el lugar del sanitario, Pipo se apura y como si fuera un atleta de caminata, que contrae el paso, llega a la tierra prometida, cierra la puerta, se desabrocha el cinturón, se baja pantalón, calzón y se sienta con una rapidez digna de la velocidad de un rayo.

Al salir, preocupado Ursicino lo regaña: “Pues que comió Pipo?”.

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