Realidad caribeña

Realidad caribeña

La Pera del Olmo

Ricardo Urquidi

Desde el comienzo de la Serie del Caribe, conforme se fueron desarrollando los partidos la fortaleza y diferencia de Dominicana y Puerto respecto a las demás novenas se hizo patente, no fue una impresión, una opinión, las estadísticas así nos los muestran, “La frialdad de los números” como aseguraban los cronistas deportivos de antaño, los dos equipos terminaron en primer y segundo lugar, ahora su consistencia los lleva a la final con justa razón.

México con un equipo competitivo hizo lo que pudo, sus debilidades salieron a flor de piel ante excelentes demostraciones de pitcheo de los lanzadores rivales, que a la hora buena con un excelente reporte de los scouts, checaron a la perfección las debilidades de los peloteros del representativo mexicano.

Los Tomateros de Culiacán no logran dar la campanada por segundo año consecutivo, en San Juan 2020 se quedan en el camino, en Mazatlán igual, Benjamín Gil el polémico manager no puede encontrar la fórmula para ganar tan ansiado título para su vitrina, su dirección fue inestable, sin temor a equivocarme, en todos los juegos nos presentó un line up diferente, se aferró a colocar en la mayoría de los juegos al novel receptor Wilson sobre la experiencia de León, la primera base al igual que la tercera, el izquierdo, el central no tuvo dueño estable.

No repetía novena ganadora, al final de cuenta el bateo no respondió a la hora buena, fue maniatado por los brazos para apagar las esperanzas se fueron apagando, como se diluye el agua por las manos, el rival fue infinitamente superior a la novena mexicana, su estrategia también fue muy voluble, tocaba la bola desde la misma primera entrada y en la tercera en la misma situación no ejecutaba el beisbol elemental, al final paso lo que tenía que pasar, Puerto Rico en la semifinal nos dejó en tres míseros hits, dos de Peña y uno de Meneses, pitcher que entraba no tan solo nos abría una esperanza, la esfumaba en un dos por tres, con más consistencia, mas fortaleza que su antecesor, de los últimos seis bateadores mexicanos que entraron a la caja de bateo en la octava y novena entrada, a cinco los puso con dos strikes y cero bolas, así de rápido preparo la guillotina y el festejo boricua por su pase a la final.

Todos los fanáticos de los Tomateros, los foráneos de los diferentes estados de la republica que a lo largo de la semana llegaron al puerto a disfrutar de la Serie del Caribe, con desesperación y luego con resignación, veían lentamente como poco a poco se extinguía no por un tubo de respiración al estilo Covid, como con latigazos al pentágono, que laceraban lentamente nuestras posibilidades por estar en partido grande del sábado.

En una metáfora de lo acontecido, pareciera que al salir cabizbajo del Teodoro Mariscal, arrastrando nuestras ilusiones, dejábamos el escenario para que la fiesta continuara, ofreciéndosela a la fanaticada dominicana y puertorriqueña, la fiesta es ajena, solo falta saber a quién en su mayoría los mexicanos hoy apoyan: a Dominicana o Puerto Rico?, a Yadier o a Canó?.

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