Víctor Camargo nos dice hasta luego

Víctor Camargo nos dice hasta luego

La Pera del Olmo

Ricardo Urquidi

El pasado sábado en la madrugada dejo de existir Víctor Camargo, pionero del Boliche parralense, su gran pasión, tuve la fortuna de conocerlo, primero en el departamento de refacciones de Automotriz Parralense en donde con una memoria prodiga, conocía de memoria la inmensa mayoría de los números que identifican a las partes automotrices, después en las mesas de boliche del Janeiro y Casino, ahí con una precisión ejecutaba los tiros para acumular pinos y convertirse en el cerrador de los equipos de los que formo parte, de tal manera que se ganó el apodo de: “Vic no sabe fallar”

Fue junto con Chito Páez, Hiram Hinojos quienes pacientemente me enseñaron el arte de los bolos y los pinos, allá en secundaria cuando la familia formo un equipo y a mis escasos trece, catorce años comencé a jugar, al partir a los estudios al Distrito Federal deje de practicarlo, regrese para verlo con gusto independizado y con una refaccionaria en pleno auge, ya instalado me invito a jugar, volviendo a corregirme cada vez que cometía un error, después la acumulación del humo del cigarro en las instalaciones del Janeiro y Casino me volvieron a alejar del boliche, aun así lo seguí viendo, hasta que se jubilo de la actividad económica y deportiva.

Fue sin lugar a duda junto con los Páez, los Hinojos, los Acosta, junto a su hijo “El Pelón”, de los más grandes exponentes del boliche parralense, asistió a nacionales, torneos internacionales, al visitar su casa, los trofeos inundaban sus vitrinas, sus paredes, hoy nos deja, luego de aguantar por muchos años, ese desgastante asesino como lo es la diabetes.

No me queda mas que recordarlo con esa sonrisa, con sus ademanes que tenia cada vez que caía una chuza, con su voz cauta y precisa para tratar de convertirlo a uno en un bolichista competitivo, su gran técnica, su mecánica para con elegancia soltar la bola que va en busca del UNO-TRES para que llegue llena y el sonido de los pinos sea seco y barra la mesa, así era Víctor Camargo, bajo de estatura y grande de promedio; “Vic no sabe fallar”

Desde aquí mi abrazo a todos sus hijos, que vieron en Vic, un ejemplo de vida y sus amigos una mano amiga, descanse en paz…

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