Octavio Santana

Octavio Santana

La Pera del Olmo

Ricardo Urquidi

Uno de los mas grandes logros de Salvador “Chepilon” Santana, de los muchos que tuvo, fue descubrir para el beisbol de la Cuarta Zona a Octavio Santana Méndez, su sobrino, a pesar de que empezó a jugar el rey de los deportes a los 18-20 años, Octavio de inmediato mostro facultades para jugar la receptoría, el Ave de las Tempestades con ojo clínico lo saco del oficio de repartidor de leche para llevárselo en los 70’s a jugar primeramente con El Valle y comenzar una de las más fructíferas carreras en el beisbol de la región sur del estado.

Después el Frisco atento a cada uno de sus hijos, lo jalo para el campeonísimo, le dio trabajo en la mina, para empezar a defender los colores del Oro, donde su carrera se consolido hasta llevarlo a jugar con los Mineros y los Dorados.

La afición aurífera lo recuerda como si fuera ayer cuando se jugo la final del 76 entre el Frisco contra Servicio Militar, en el primer juego en el Abraham “Panamericano” Pérez, lanzando Oscar Robles por los militares, hay una jugada en home un Luis Villalba con toda su humanidad viene a home, sabe muy bien que Octavio es un maestro para bloquear el home, como de costumbre al ver lo que se avecina, Octavio deja la careta sobre el pentágono, el juego está cerrado, Oscar  está lanzando sin hit ni carrera, los dos titanes: Santana y Villalba van al encuentro, después del polvo que provoca la barrida en el diamante, aparece las manos extendidas del ampáyer para  marcar el quieto e irse el Servicio Militar arriba por 1 a 0, marcador definitivo, la fanaticada se pega a las mallas que marcan los límites entre las gradas y el terreno de juego, reclamando la decisión del hombre de azul, pero sus gritos se pierden, al final Oscar lanzó para un hit.

Al día siguiente la serie final se traslada al Valente Chacón Baca (Estadio Parral en aquel entonces) y Alfredo Robles con el Servicio Militar lanza su primer sin hit ni carrera de su brillante trayectoria… dos hermanos en juegos consecutivos brindan dos joyas de pitcheo… ¡Qué tiempos aquellos Don Simón!

Podríamos recordar cuando en el Nacional del 82, la competencia se suspendió por el ciclón Paul y los Dorados ante la devastación provocada tuvieron que volver de rait, Santiago Obregón y Octavio llegaron a Parral en un dompe de arena que los levanto en el camino.

Cuando en una gira por Juárez, contra los Indios, uno de los tantos parralenses que viven en la mejor frontera del país se le acerco con su hijo y le pidió una foto, Octavio con una nobleza, le puso sus arreos al niño, la careta, el guante y junto a él se tomó un retrato inolvidable.

Excelente para jugar la baraja, como desplumaba en las noches de giras en el hotel al Yaqui Ramírez, al Correcaminos Baca Juárez, a Mungaray…

Pero su principal virtud, fue atrás de home, ha sido tal vez el receptor más analítico que ha existido en la historia de los Mineros, cada vez como una rutina antes del juego, al conocer el line up del rival, se sentaba en una esquina del dogout a analizar a los bateadores, cual iba a ser su estrategia para dominarlos, en todos los juegos, cada vez que era necesario, como coach de pitcheo caminando pacientemente hacia el montículo, corregía la mecánica de los lanzadores en turno,”Hey te estas quedando arriba con tu recta… estas soltando la pelota muy atrás… abre el compás”, fue mentor de innumerables receptores, no fue egoísta en enseñar lo que sus maestros le enseñaron:” Si quieres llegar a ser buen cátcher hay que echarle ganas y fijarte en todo desde donde se para un bateador, hasta como agarra el bat”, les instruía a todos aquellos que se le acercaban por un consejo.

Esa capacidad de análisis, de instrucción, lo llevo a trasmitírselo en todos los aspectos de la receptoría, al arte de mascotear atrás de home, de ser un guía para el lanzador a la hora de escoger la pitcheada y la localización de los lanzamientos, al bloqueo de pelotas, al bloqueo de home en jugadas riñonudas, todo se lo enseño a su hijo Mario Iván, de tal suerte que su vástago se consolido en el beisbol profesional jugando mas de 30 temporadas en el verano y en el invierno, su sueño frustrado de jugar pelota profesional se cristalizo con su hijo de manera poética.

Hoy nos deja con el recuerdo perenne de su imagen atrás de home, portando los colores de su querido Frisco… descanse en paz.

Leave a Comment

A %d blogueros les gusta esto: